El fútbol y Dios

por qué dios no es una pelota

 

por qué dios no es una pelota

Fútbol y Dios

Cuando leí el libro de Juan Villoro titulado “Dios es redondo” mi sorpresa fue inocultable. Y más que sorpresa, azoro. ¿Cómo era posible que uno de los más fríos escritores en lengua castellana se hincara ante ese concepto complejo y tan retacado de significados, muchos de ellos artificiales, llamado fútbol?

En efecto, la literatura de Villoro es fría y lo escribo como un elogio. Para cualquiera que se haya adentrado en las aguas de la creación literaria en cualquiera de sus vertientes no podrá negar que más que lago o mar es un río caudaloso y joven: es arrebatado, si no se sabe navegarlo te lleva consigo, te arrastra sin remedio hacia donde a él se le antoja y no hacia donde uno no quería arribar. Pero así se descubren continentes.

Jorge Volpi es otro capaz escritor cuyas obras se sostienen sobre una sólida estructura quasi científica. Una capacidad de control respetable como la de Villoro. Composiciones que andan, como equilibristas circenses,  sobre el delgado cable que divide el orden y la objetividad del temor a soltarse, a dejar escapar los demonios de la lengua…¿de la pasíón? (parafraseando a Ruy Sánchez, quien se instala no en el lado contrario pero en otra orilla de esa isla, ya que sí suelta sus fieras de sentimiento erótico sin abandonar su ámbito bien delimitado).

Cuando Villoro aborda su amor por el futbol me parece que por vez primera atestiguamos su sentimiento más personal. Increíble. Y para mí, un tanto desconcertante pero no incomprensible.

No juzgaré sus observaciones porque no es el propósito de este escrito y porque son absolutamente respetables. Mas ofrezco otra perspectiva. Aquella de alguien inmune a los tan alabados encantos de ese deporte, por lo menos en mi país, México.

Aparentemente es de aceptación incontrovertible el hecho de que este deporte nació en las Islas Británicas en el siglo XIX, un deporte joven. Según la cultura se intenta hallar rastros de semillas para poder, supongo, tener un sentido más próximo de arraigo. Algunos afirman que desde el siglo III a. c. se encuentran sus raíces. El tsú chu o en China. Varios siglos después en Japón. Por ejemplo, en México, (más exactamente Mesoaméria) los eruditos (siempre desfogados) del fútbol hacen referencia al Juego de Pelota azteca o tlalchtli ya en el siglo XVI.

La verdad es que, si bien podrían registrarse como los comienzos tímidos de lo que modernamente se convirtió en el futbol que conocemos actualmente, muy poco tenían que ver.

En especial el juego de pelota azteca es uno de los juegos más complicados y poco disfrutables por parte de sus jugadores del que se haya tenido noticia. Era francamente doloroso y díficil dominar una pelota, elaborada con un material rugoso de goma maciza que pesaba 4kg,  con las caderas o los codos. No era permitido usar manos a no ser con una manopla. Pero lo más significativo: no estaba permitido utilizar los pies. En sentido estricto tenía más que ver con el raquetbol que con el futbol.

Lo que uno quiere adoptar como propio.

El futbol es un juego importado. No tiene ninguna raíz real con lo mexicano. Con lo cual la inefable sentencia de que este deporte es parte de la tradición y “ser” del mexicano es engañosa. Un engaño del que muchos disfrutan.

Es cierto que pertenece ya a una tradición al haberlo incorporado a la cultura mexicana. Pero esto no significa que forme parte de las tan utilizadas raíces de la nación mexicana.

Esta percepción esparcida en casi todos los ciudadanos de México es transparente para ellos. En su entender, en su percepción, en mucho alimentada por los medios masivos de información, el futbol es mexicano porque los pueblos originarios jugaban a la pelota. Pero ya vimos que no hay semejanza alguna.

La facilidad y la cultura

No es desdeñable adoptar usos y costumbres de otros pueblos, eso construye y enriquece la y las culturas. Este intercambio es el que ha generado La Historia, es el recuento del devenir humano. Pero ello no signfica que trastoquemos sus cualidades para otorgarles cualidades que no les son propias.

Me detengo: sí y no. Me contradigo: ¿no es al final la Cultura esa mezcolanza de tradición, innovación, robo, imposición y regalo que se propaga de pueblo a pueblo? Sí.

Pero al no conocer la historia el presente se vuelve una zona endeble de abstracciones donde el que tenga el mayor poder de convencimiento seguramente resultará victorioso. En nuestra era ese privilegio lo ostentan los medios de información masiva.

Lo que los medios le han hecho creer a México

Por gracia o por desgracia, los medios masivos de información han ido construyendo una percepción que se ha vuelto verdad inobjetable para la sociedad mexicana:

Que el futbol, une a la familia, que es un deporte nacional, que es una tradición que se remonta al tiempo de los guerreros aztecas (incluso algún  comentarista compara a estos guerreros con los jugadores de la selección), que el futbol y en esto ponen un énfasis casi enfermizo: es entrega, y más que nada, la fatídica palabra, la palabra mágica, que el futbol es pasión.

No que conduzca a la pasión, no. Para los amantes de este deporte es verdaderamente La Pasión en sí misma.

Significado también trastocado, violentado.

La pasión que es más divertimento

Los fanáticos de este deporte argullen, ostenta, echan en cara, defienden que el balompie es pasión porque…no se sabe por qué. Se enumeran listas de aparantes sinónimos pero la realidad es que no se tiene claramente identificada esa pasión.

Por lo menos en México es algo desconcertante e incierto, ilusorio, como el “ser” mexicano es en innumerables aspectos.

Esta llamada Pasión la identifican (primero los medios masivos y ya ahora cualquier mexican@) con: entrega, dedicación, sacrificio, labor de equipo.

Y aquí comienzan las contradicciones con un país que en la realidad no es así.

La pasión como palabra tiene significados potentes en dos extremos que aparentemente disímbolos pueden llegar a tocarse e inclusive trastocarse: por un lado, el sacrificio, el dolor. La Pasión de Cristo es una pasión dolorosa, intolerable. No sigo por ese sendero porque estaría haciendo lo que hace los medios masivos: construir una ilusión grandilocuente y hacer analogías si no irritantes, inexactas.

La otra pasión es la sexual, la entrega total en el acto más íntimo.

Una más, que ya es una dislocación del significado: que la pasión surge cuando haces las cosas con dedicación. Nada más erróneo. Pero esta alteración del significado baña ya a todo el mundo y lo primero que se te exige en tu puesto de trabajo es que “tengas pasión”. Hasta ahora no he conocido a un solo ser humano que haga su trabajo con pasión.

Lo haces como dedicación, con responsabilidad, lo haces con respeto a las reglas. La pasión es una transgresión de las reglas. No se puede ser apasionado siguiendo reglas.

Todos podríamos tener una aproximación a algo apasionado, pero vivirlo en verdad es casi imposible en estos días. Si hay alguien que se conduzca en este planeta con tal resolución es indiscutiblemente alguien tachado de “extraño”, de loco.

Y curiosamente tan solo podríamos encontrar ejemplos de gente apasionada en actividades que tienen poca o nula remuneración económica. Actividades, dedicaciones que realiza alguien por el solo hecho de hacerlo. Porque “algo” los mueve a hacer lo que hacen. Una fuerza inexplicable los empuja a hacer eso que hacen.

Entonces pienso en artistas, en músicos, pintores, escritores…pero más aún, en aquellos que ayudan a los demás:  seres mayormente identificados con lo espiritual.

Su apasionamiento queda anulado cuando entra de por medio la remuneración económica personal.

Entonces la pasión se va y entra el amor sí, la dedicación, la misión.

El fútbol es sencillo de practicar, sencillo de vender, sencillo de disfrutar.

Sin duda el invento del fútbol ha sido de los más significativos en la historia del ser humano. Innegable es la sencillez con la que se puede practicar. Solo se necesita un balón o incluso algo que lo asemeje, un amarre de telas, una caja de cartón, cualquier objeto que sea suceptible de ser pateado y conducido a una meta específica.

Es probable que esta sencillez sea una de sus virtudes máximas y que el mundo de los negocios ha sabido sacar mayor provecho.

Los medios masivos ya nos dijeron que es “La pasión” ¿y qué ser humano no se identificaría con la Pasión? Sea una u la otra. Todos queremos algo con qué justificar nuestro penar en este valle de lágrimas y/o ostentar nuestro poderío como machos o hembras.

El futbol es el producto más perfecto. De pasar a ser simplemente un juego. Un juego divertido, emocionante (para el que lo practica o cuando se presencia a equipos que lo juegan con maestría) un juego que es muy cómodo de disfrutar: el expectador no tiene que mover un dedo. El expectador no tiene que pensar nada. Solo dejarse llevar. Y solo por ello no pierde su ordenamiento como “ser apasionado”.

Nunca había sido tan perfecta la mercadotecnia de una pelota que hasta se le compara con dios. Un calificativo a todas luces fervoroso pero que,curiosamente, proviene de mentes que lo más seguro es que nieguen la existencia de lo divino.

Es revelador que Villoro compare una pelota con Dios y supongo que él no es religioso. A menos que sea un religioso del futbol. Es revelador en un hombre que cuenta con un cuerpo literario de gran calidad y que no se distingue por ser apasionado.

Los atributos del fútbol para un país como México

El ser mexicano no es dado a las complejidades ni a los intríncamientos. El mexicano sabe hacerse de su lugar en cualquier lugar. Se atiene a lo que tiene.

El fútbol no es nada complicado. Y no es un deporte en el que el intelecto o la estrategia sea la preponderante como en el caso del Futbol americano o el basquetbol. En estos deportes lo físico y lo estratégico van casi de la mano. En el fútbol se puede prescindir de estrategias complejas. Y no es que sea malo, simplemente no está en la esencia del fútbol. Sus estrategias son más cercanas a reglas, a posibilidades ya conocidas y que se ponen a prueba. Es ridículo que en la televisión se esmeren en “explicarnos” cómo se desarrolló una jugada en el futbol, no tiene nada qué ver.

En el fútbol lo importante es la emoción. Una emoción que solo es provocada por lo inesperado.

Puede ser el azar o la habilidad singular de un jugador, pero en este deporte, en este negocio, en este espectáculo, lo importante no es lo que se sabe si no lo que no.

Los mexicanos somos un pueblo más amarrado a lo incognoscible que a las certezas. En el Futbol Americano la emoción la provoca la certeza: se trazó una jugada, esta se lleva a cabo como se dibujó en un pizarrón, metas, pasos a seguir, logro. Algo totalmente norteamericano.

En el futbol americano la fortuna o el azar no son tan protagonistas como la contundencia de los datos, la estrategia y la lógica fortaleza y habilidad de los jugadores que integran un equipo.

Futbol y la duda sobre si es un deporte de labor de equipo 

Los expertos en la tele se enorgullecen de que el futbol sea un espectáculo “de conjunto”. Obviamente lo es pues juegan varias personas contra de otras. Pero, no hay deporte o espectáculo que eleve a tal grado la individualidad de un solo jugador.

En cualquier deporte se tienen estrellas, pero es en el futbol donde la preeminencia del goleador, del crack, es indiscutible. El equipo que conduce una sola persona. El equipo que encumbra a una sola persona.

Ayer se vivió con un Pelé, con Maradona, etc; ahora lo vivimos con Mezzi.

Los medios elevan a deidad a una sola persona, aunque mucho se defienda que sin el equipo no lo hubiese logrado, y que en parte es cierto.

Aquí el dios no es una pelota sino un hombre.

De ahí a que se transporte la grandeza de un hombre talentoso y con un don indiscutible a que todo un pueblo lo sea es de distancia abismal. Pero, por lo menos en México, sí se percibe así.

Y es que es muy fácil.

Los mexicanos y la individualidad

Además de la capacidad, por decirlo así, de adaptación del mexicano. Una adaptación que a veces raya en el exasperante o sabio conformismo, según se vea; también es visible en su inigualable capacidad de “adoración”.

A los mexicanos se nos da más admirar que ser admirados.

Percibo que, culturalmente, aún no nos hemos librado de un sentimiento de inferioridad colectivo que, por un lado, nos impide protestar las inconformidades con medidas más programadas si no drásticas; y por el otro, nos evita la molestia de esforzarnos.

El mexicano me aparece como un ser que no quiere problemas. Un ser que deambula entre la resignación y la esperanza de que algún día hará lo que tiene que hacer. Pero necesita un guía.

El pueblo mexicano es en verdad un pueblo pacífico. No tenemos una tradición de guerra ni mucho menos de grandeza como la tuvieron y de manera tan cercana e intercomunicativa España, Alemania, Gran Bretaña, que en la historia se peleaban el liderazgo en su grado bélico y de poderío y sometimiento al otro.

Los aztecas son historia aparte, por si alguno quería saltar de su silla. Aún no terminamos de comprender los mexicanos que no somos los aztecas.

Por supuesto que, estos sí, forman parte de nuestras raíces más hondas. Pero no somos ellos. Cuando aceptemos que somos hijos de la Malinche, que ella es nuestra madre; así como hijos de Córtes, la historia podría cambiar.

México tiene en sus entrañas una carga femenina apabullante. Somos pasivos. Conquistamos mediante la atracción, somos imán. Aguardamos a recibir, ya ni siquiera lo que merecemos, si no lo que nos quieran dar. No somos un pueblo que vaya por lo que quiere.

Somos pacíficos los mexicanos.

Por eso nos ha provocado tal estruendo en nuestra vida la inexactamente llamada Guerra contra el narcotráfico. Y cual es nuestra respuesta natural, intrínseca a nuestro ser: aguardar. Quedarnos pasivos.

Las demostraciones y protestas existen pero no permean en la sociedad como en otros países sucede.

Aquí, ni siquiera con la sencillez que brinda un tuit, la sociedad puede unirse a un nivel más programado y contundente.

Los problemas son de un sindicato, de un grupo de acarriados, de los otros…no son nuestros. No somos capaces de abrazar una causa común. Y por diversas razones que no vienen a cuento aquí y que desarrollaré en otra ocasión.

Una excepción: los sismos de 1985. Por una vez insólita los mexicanos se unieron por una causa comùn porque en efecto nos afectó a todos por igual: todos supimos de alguien cercano que sufrió en carne propia esa tragedia.

Pero, más que un atributo mexicano, yo siempre lo he atribuido más a la más natural y agradecible solidaridad humana. Nos unimos no por ser mexicanos, nos unimos porque al final somos seres humanos. Nuestra fragilidad como seres humanos fue la que animó ese suceso inolvidable.

Fuera de ello, no ha habido mucho.

Los mexicanos somos efectistas y exagerados. Nos impactan los colores chirriantes y absolutos, las pinturas en donde uno pueda “hallar más rostros”, signos extraños, teorías aparentemente ocultas.

Incluso en relación a nuestros políticos y gobernantes: las comidas familiares y charlas de café están llenas de arregladores del mundo (y es, en efecto algo muy del ser humano en todas partes del planeta) pero en materia de futbol, los sentimientos que afloran son, hasta cierto punto, intimidantes.

Pero, mientras que en Inglaterra o Argentina puede provocar no pocos destrozos y heridos un resultado adverso; en México no pasa de unos cuantos puñetazos. Al final, nuestra pasión no da para tanto.

Somos un pueblo enmascarado sí.

El futbol, dios, y el país

Una verdadera pasión prevalece no importa qué, no importa quien decrete lo que fuera.

Yo tengo una teoría, imposible de realizar porque uno de los elementos más importantes del espectáculo del futbol es el dinero que genera, pero es: que dejasen de transmitir los partidos por televisión y radio.

Que un día ya no existiese el futbol en los medios de información masiva, ¿sobreviviría esa llamada pasión? Lo dudo muchísimo.

En todo caso quien es el verdadero Dios

En México, el balón no es Dios.

Hay un grupo de personas que juegan, que luchan por reconocimiento, por fama, por mujeres, por drogas incluso, por dinero. Siempre por dinero. Hay quienes tienen gran talento y nos divierten y emocionan.

Pero el futbol mexicano es mediocre. Su nivel de desempeño y reto es mínimo.

No critico que sea un negocio, señalo que no es un negocio que abone a que ese deporte que millones aman sea mejor jugado, mejor administrado, mejor presentado.

Luego de este breve análisis no es sorprendente que ni siquiera los incondicionales fieles le exijan más a su venerado espectáculo.

Mientras tengan los tacos y la cerveza lista, la borrachera consiguiente, la pérdida de conciencia aguardando al siguiente partido, aguardando al lunes para criticar o alabar lo sucedido, sin novedades reales, sin crecimiento, sin exigencia; los mexicanos somos un pueblo que estaremos contentos con ellos, satisfechos.

La mujer, históricamente apartada de ese ámbito, ha traído a cuento nuevas perspectivas de cómo se ve ese deporte desde fuera. Se podrá decir lo que sea pero desde que la mujer ha ido tomando su merecida posición en la vida laboral, cultural, intelectual y de todo ámbito en la sociedad mexicana, esta se ha hecho un lugar también como nueva fiel de un deporte que, por ende, tiene que amar.

Mi observación es obvia, puede ser tachada de grosera, pero siento que es real: ahora que la mujer tiene más poder como mujer, su acercamiento al futbol no lo es tanto por la calidad del juego, mucho menos por el espectáculo (que en México es raro de ver pues abunda el juego soso, el pase de pelota y su lentitud desesperante), la mujer ve futbol porque ve hombres.

La mujer ahora se expresa sin miramientos sobre los glúteos o piernas de este o aquél jugador. Además, el ser jugador de fútbol otorga ya un status deseable: tienen dinero. Y muchos de ellos, jóvenes que son y fuertes, llegan a tener la galanura o sexualidad de la que una mujer carece en casa.

Es un signo evolutivo, ¿por qué solo los hombres iban a tener el privilegio de soñarse con edecanes semi desnudas, niñas que apenas alcanzan la mayoría de edad en uniformes diminutos, atletas de cuerpos perfectos?

Bienvenida la igualdad de derechos.

Pero es de notar que la mujer, entrando a ese ámbito, tampoco exija nada más.

¿Entonces el dios no es el balón?

Un balón es pateado, no dispone de nada más que de la forma en que fue golpeado por una persona.

Un balón no está plácidamente sentado con su abultada panza criticando desde las alturas las decisiones de un pequeño ser humano, diminuto humano que se ve correteando allí a través de la televisión o en el mismo estadio levantando infantiles tarjetas de color.

Un balón no tiene siquiera la capacidad de turbación. No se exaspera, ni manda al carajo el día si perdió o se lanza como energúmeno a pisotear la calles con total impunidad.

Un balón no es pasivo. El balón, pese a todo, es el sacrificado, es el cordero de dios, rebotando de un lado a otro.

Dios es quien mira todo desde las alturas, emocionado.

Dios es ese que al final de 90 minutos se levanta y continúa con su vida. Sin cambiar un ápice.

Dios es comodino.

Pero el Dios verdadero creó todo ello, tiene derecho a disfrutar de su pereza.

El dios del futbol es el público. Eres tú. Que no tienes que hacer nada por crear, recrear, mejorar o evolucionar un espectáculo que te tiene perdido durante 90 segundos. Tiempo que se multiplica cuando te chutas todos los partidos de todas la ligas.

Es un signo de los tiempos: la contradicción

A pesar de vivir un tiempo lineal, los mexicanos (y tal vez el mundo entero) no solo no se aburre sino que espera ese ciclo tedioso y sin cambios que es el futbol, lo mismo repetido miles de veces y hasta la eternidad.

La eternidad es pasiva.

Dios no es el balón, ni siquiera el futbol.

Dios es el público.

Y más arriba de ese Dios está uno mayor, invisible y conchudo: aquellos que te han vendido la idea de que es “tu pasión” para ganar millones y millones a tus costillas.

Adán, dios terreno, panzón y tirado en un sillón. Eva, el dinero de las costillas.

El Dios omnipotente: los medios masivos de información

Ahí está Dios.

(una disculpa si a veces no acentué futbol…algo me dice que no lleva, pero sí, pero dónde…futbol, futból, se supone que fútbol…pero en México nadie lo pronuncia así..otro enigma…)

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