Las flechas que no entran o cómo eliminar la “mentalidad del mexicano”

Actitud, instrucción, resultados: la eterna búsqueda de la mentalidad deportiva vs la del mexicano

Ayer 29 de julio, el trío de competidoras mexicanas en la disciplina de Tiro con arco fueron eliminadas. Es notable el aprendizaje que tienen en cuanto a las formas de lenguaje usadas en principio por los comentaristas de los noticieros de los medios de información y que son su única herramienta de comunicación hacia el exterior, hacia el público. Al frente de los micrófonos y con el fin de recoger sus impresiones luego de fracasar en la competencia, se expresaron de la siguiente manera[1]: “Nos faltó manejar los cambios de la lluvia que a veces era más fuerte, pero no importa, no pasa nada.” “Simplemente no entraron las flechas, las apuntamos bien pero no entraron.”, “quedamos bien, un poquito abajo pero son Juegos Olímpicos, no esperábamos ni más ni menos”.

Una de ellas dijo que la eliminación del equipo no deternima el talento de las participantes” Entonces, ¿cuál es el objetivo de competir si no es medir quién es el mejor y por ende, más talentoso? No escribo sus nombres porque mi reflexión no intenta criticar a las competidoras sino el nulo interés que tienen las personas que respaldan a estos deportistas por conocer los mecanismos con que trabaja la publicidad y los medios de información. Ante un fracaso que además es presenciado por tus compatriotas es lógico sentirse mal, pero profundicemos:

Las declaraciones de las chicas se tornan escandalosas, toman un cariz sorprendente cuando son reproducidas en la televisión, la radio, la internet y medios impresos.

Pero también reflejan una realidad: una mentalidad deportiva de la que adolecen los participantes de nuestro país. Esa mentalidad, que no logramos poseer, de la que tanto hablan los comentaristas deportivos, entrenadores, y ejecutivos. La mentalidad exitosa, que se enfrenta contra el muro de la “mentalidad del mexicano”. Parece hasta ahora imposible de modificar, yo creo que no lo es. Hace falta darnos cuenta, evitar que nos sulfuremos, no arrojarnos con la bandera envuelta y mejor trabajar en ello. Es un trabajo que tendría que volverse hábito, que tiene que sentirse y vivirse, reaprenderse, desde el hogar, las escuelas, las secundarias, las preparatorias, las universidades, en el ambiente laboral…y en los medios de información.

En efecto, al escuchar, ver o leer las declaraciones de estas jovencitas se puede interpretar que carecieron de una buena instrucción de espíritu deportivo, pues sus respuestas reflejan su entendible desilusión pero no su profesionalismo. Más que comentarios fueron justificaciones.

Es obvio que estaban molestas, pero no debe responderse así frente a los medios. Aquí tenemos que dividir en dos vertientes nuestra reflexión que tiene que ver con:

1)   los mexicanos, su historia, su esencia (si la hay) y

2)   los medios de información masiva.

Las declaraciones de estas competidoras podrían transportarse a cualquier otra disciplina en la que un mexicano pierde. Siempre han sido ese tipo de respuestas. Estas denotan desilusión, frustración. Se asoman rasgos de personalidades con complejo de inferioridad, el típico “ya ni modo”, “se hizo lo que se pudo”.

Siempre respondemos (para no excluirme como mexicano) con un rosario de justificaciones. Que si el viento, que si el árbitro, no tuvimos suerte.

Es verdaderamente asombroso que se declare, “apuntamos bien pero no entraron las flechas” . ¿Entonces todo depende del azar? ¿Todo responde a designios sobrehumanos? Y si es así, ¿qué hacemos o dejamos de hacer los mexicanos que nunca lo logramos?  Los logros, los vemos como excepciones y estamos conformes con ello. Aunque desde dentro sintamos coraje o envidia hacia el mexicano o mexicana tenga un éxito de gran magnitud.

Los atletas mexicanos (con sus contadas excepciones, curiosamente de quienes desempeñan su labor solos y no en equipo) reflejan lo que somos los mexicanos  y este es el alimento que nos dan los medios de información a diario, a cada hora, en estos eventos y en noticieros, programas cómicos, dramas y programas de análisis. Con ello nos educan. Los medios de información forman parte ineludible de la educación de la población. Y es claro que no educar también es educar. Los comentarios de los llamados especialistas de deportes están plagados de frases como: “penosamente”, “desafortunadamente”, “así es el futbol”, “así es el deporte”, “no se les da el apoyo económico”, “dieron el corazón”, “debieron haber ganado”, “no se nos dio el triunfo”, por mencionar unas pocas. Ahora imaginen estas frases en cada noticia y todos los días de los 365 años, ¿afecta o no?

Estamos de acuerdo en que los mexicanos no tenemos una  “mentalidad” competitiva (palabra que ha ayudado a confundir su significado entre esta y la otra acepción que es eminentemente término económico. Vamos, que cuando los medios nos presentan a alguien que habla sobre lo bueno que es tener un país más “competitivo”, para la población en general el significado es muy distinto del término económico, muy cuestionable y hasta peligroso), la mentalidad del “ya merito”, “no tuvimos suerte”, “no se nos dio”, “hicimos nuestro mejor esfuerzo”, “estuvimos bien porque mejoramos nuestras propias marcas”, “es un aprendizaje” solo nos mantiene en el nivel conformista que es parte de nosotros, erradicarla pareciera casi dejar de ser mexicano.

Entonces los mexicanos no somos constructores de nuestro destino, siempre son fuerzas externas las que nos llevan y traen.

Estas chicas arqueras, todo el equipo olímpico, todo deportista de cualquier disciplina, deben de tener una asesoría en tanto medios de información para saber qué responder en cualquier situación previsible. Pero los medios de información, sus comentaristas, expertos, colaboradores; y más profundo aún, en las escuelas y en el hogar, debemos de desterrar ese tipo de respuestas, de justificaciones y de pensamientos de nuestro sistema de racionamiento. No propongo que se ignore la realidad, este sí, deporte nacional que practicamos con talento excepcional, propongo que nos demos cuenta de que en cada palabra estamos reflejando quienes somos pues estamos “sacando” lo que pensamos, y esta es la manera en que el mundo nos ve. Si no concientizamos esto no podremos crecer. Sí tener el lugar y espacio para evaluar fríamente los errores y en verdad trabajar por corregirlos. Privilegiar el conocimiento y la disciplina sobre el azar y las creencias religiosas como justificantes de un desempeño humano.

Estas actitudes son muy a la mexicana; tiene su porción, digamos, positiva y su porción negativa. Debemos equilibrar la balanza.

Aparte está la discusión del entrenamiento mental que reciben los atletas porque, poniendo el ejemplo de las arqueras fracasadas, ¿qué su entrenador no les puso pruebas pensando en el peor de los escenarios? ¿qué ignoraba que en Inglaterra llueve constantemente?… continuar por aquí es ocioso. Queda siempre esa sensación de que las personas detrás de los equipos no son lo suficientemente capaces o no tienen, a su vez, el respaldo que requieren. Pero esto no puede ser excusa para responder así: la justificación de la justificación. Esto lo veo equivalente a esa frase popular que reza, “la ropa sucia se lava en casa”. Y si, siendo realistas, sabían que las probabilidades de ganar una medalla eran remotas, entonces ¿por qué las lágrimas?

Porque los mexicanos continuamos dependiendo de la mano divina, del azar, de lo inefable, que venga a salvarnos. No triunfamos nosotros, los mexicanos triunfan porque Dios así lo quiso. Durante la transmisión televisiva, en el canal 7, uno de los comentaristas, mientras veíamos a la arquera china concentrarse, respirar pausadamente y tensar el arco, pedía, “que nos regale algo la china”, en otras palabras, le pedía a los cielos que fallara la contrincante para que entonces las mexicanas pasaran a la siguiente ronda. Esto lo oigo religiosamente en todo deporte y actividad donde participan mexicanos, sobre todo en el futbol: “buenas noticias, el delantero Fulano, que era el peligro mayor, está lesionado”, “que fallen el penal”…nuestros triunfos dependen de que el otro, el superior, falle. ¿Es esa la actitud a enseñar a tus hijos? ¿Dónde quedó ese espíritu deportivo en el cual celebrabas si tu oponente te ganaba con talento y capacidad, “a la buena”? Porque se supone que se trata de un enfrentamiento con reglas aceptadas entre dos similares, entre dos que tienen iguales poderes, iguales posibilidades de ganar. Esa “mentalidad” no existe entre los mexicanos.

El poseer esa parte humilde y humana (si se quiere) que es la religiosidad o la espiritualidad es algo loable, incluso necesario. Pero se nos pasan las cucharadas. Le echamos más azúcar de un misticismo que de suyo también es bastante discutible (catolicismo que no es llevado como tal, combinado con magias blancas, negras, un poco de budismo, otro de astrología, etc,) y poca proteína de conocimientos concretos, pensamiento, disciplina, instrucción.

Si tú te preparaste, si en los entrenamientos le diste al centro y las flechas entraron, si tomaste en cuenta los pros y contras, si conoces tus fortalezas y debilidades es claro, es contundente, es indiscutible el resultado que esperas recibir. No hay lágrimas, hay realidad, hay carácter. Aquí podemos señalar como excepción el ejemplo que da el atleta Lino Montes: el joven pesista se encuentra entre los diez mejores del mundo; nunca dejó de sonreir, se le veía contento, seguro, disfrutando de lo que estaba haciendo. Cuando respondió, sus declaraciones fueron diáfanas, realistas, y en ningún momento hubo un guiño de frustración, de desilusión: sabía a lo que iba, sabía de sus posibilidades reales. Pero además, se esforzó al máximo: nunca se rindió.  De aquí rescato algo que declaró una de las chicas arqueras, “al final son los Juegos Olímpicos”, su tono, su actitud denotaba “valemadrísmo” (parte de la “mentalidad del mexicano”, un enojo derrotista, la esperada reacción), como si el hecho de estar ahí no tuviera importancia. En cambio Lino Montes lo vivió como lo más significativo de su vida y ¡lo disfrutó! Precisamente porque son los Juegos Olímpicos, porque esas competencias, se supone, no son de profesionales, no son de “personas que trabajan ganándose la vida” en ello. Son de jóvenes que anhelan dedicarse a ello, vivir de ello, si es posible; pero que antes que nada aman el deporte que practican. Habiendo escrito esto me veo muy inocente. Pero así era, ese era el espíritu. ¿Entonces cuál es el verdadero espíritu que emana de los competidores mexicanos? Si las Olimpiadas “no son importantes”, si ganar no sirve para demostar quién es mejor, si se fracasa y no se demuestra ser un gran competidor que perdió, ¿a qué van? ¿dónde está esa “pasión” de la que tanto vociferan los medios de información? La de Lino es la excepción de la regla, la que se puede constatar en una Paola Espinosa, en Javier Hernández,  o en Hugo Sánchez, Ana Gabriela Guevara y en varios boxeadores.  Qué diferencia de actitud. Y es también mexicano. Por cierto, Lino Montes es uno de tantos millones que tenía que vender paletas de hielo para ayudar a su familia, durmiendo en una casa de techo de paja y piso de tierra en el pueblo de Becanchén. Y aún no tiene resuelto su futuro, continúa esforzándose. No quiero hacer tampoco la apología sentimental. Solo quiero presentar un panorama que no se cargue a los extremos. No estoy diciendo que todos los mexicanos somos iguales pero sí nos recargamos hacia un lado pasivo y de poca competencia. Es claro que historias como la de Lino las vemos como un excepción que al momento de conocerlas nos conmueve, nos provoca comentarios exaltados sobre lo que podemos lograr los mexicanos, pero que de inmediato se evaporan en el aire de este gran país. Una nota: un pesista o una clavadista no se enfrenta físicamente a sus competidores,  en realidad está compitiendo, en primer lugar, contra sí mismo.

Tenemos que aceptar que no nos gusta triunfar. Algo dentro de nuestro carácter como mexicanos, algo en nuestra esencia, si es que tenemos una, algo en nuestra genética, si es que es un factor determinante, algo en nuestra cultura, aquí sí algo palpable pues todos lo podemos comprobar día a día, algo hace que parezca que nos gusta ser conformistas, que preferimos quedarnos atrás. Como si no mereciéramos la Gloria.

Los mexicanos no buscamos la gloria, no somos gente que sea tendiente a luchar, o a hacer guerras, no somos un pueblo de conquistadores (sí, los Aztecas, pero ellos no son nosotros. Los mexicanos somos la mezcla entre los pueblos pre hispánicos y los hispánicos, nos guste o no…¿y luego? De eso se trata estos escritos).

Continuamos ofreciéndonos servilmente ante todo lo extranjero. Nuestra actitud es totalmente distinta frente a otro mexicano que frente a alguien nacido en otro país.

No tiene nada malo admirar otras culturas, ser amable, ser hospitalario. Lo que sucede es que nosotros no somos serviciales, somos serviles. Contar con amigos extranjeros nos confiere un aire de superioridad que también es comprensible pero que a veces es extralimitado.

Unos porque son franceses o alemanes, otros porque son norteamericanos, a veces porque los vemos “güeritos”…¿pero por qué tenemos esa misma actitud frente a un chino, un coreano, un japonés? ¿Por qué vienen de países desarrollados?

Si son cubanos, panameños, nicaraguenses, peruanos los vemos y tratamos como semejantes; la cosa empieza a cambiar si son venezolanos. Y la cosa definitivamente pierde proporción si se trata de chilenos, argentinos o brasileños.

¿Es por el tono de piel? En el caso de los brasileños, ¿es porque los mexicanos alaban incondicionalmente a su selección de futbol? Con los españoles sucede algo muy curioso: está la parte de los mexicanos que sigue culpando a Hernán Cortés por ser quienes somos (chaparritos, feítos; una percepción por demás errada, ignorante y estúpida) y la parte de quienes son mexicanos pero, al tener una posición social más alta se “quieren sentir españoles”. Si son de tez blanca y tienen cierto status que los separa de “el pueblo”, los mexicanos se sienten españoles. No lo entiendo, pero es un rasgo palpable, pongan atención y verifíquenlo ustedes mismos. ¿Por qué ese desproporcionado apoyo a la Selección futbolera de España? Supongo que comienza con los mexicanos que ya tienen un lugar en la que llaman una de las ligas más poderosas del mundo (junto con la Inglesa y la Italiana); pero, por ejemplo, el joven llamado Chicharito ¿nos provoca volvernos fanáticos de la selección inglesa? No ha sucedido. Siguen al Manchester porque ahí juega el Chicharo. Pero con el equipo de España no podemos afirmar lo mismo. No es porque estén ahí mexicanos, no es la única razón.

Batman o el dilema de no salir de la oscuridad encerrada

Una vez vista “El caballero de la oscuridad asciende” complemento ideas. (nota: preferible leer este texto habiendo visto la película.  O si no te importa leer una de las revelaciones de la historia.)

 

Sin duda la mejor de la trilogía. Si continúo la línea de reflexión que comencé en el texto anterior puedo afirmar que, tomando como referente el anquilosamiento y confusión de significados por la que atraviesa nuestra época llamada Postmodernismo (término provisional mientras alguien en el futuro le da su nombre correcto), confirmamos que aquí vemos a un héroe simbólico pero no un símbolo de heroísmo.

Nolan nos presenta a un Bruce Wayne que de plano no se haya en ninguna parte y que tampoco tiene ninguna pasión o anhelo: simplemente se deja llevar por una desidia incomprensible. Incomprensible porque no siento que Nolan nos otorgue elementos suficientes para identificarnos con Bruce Wayne o con Batman.

Wayne, se nos dice, se aleja de la lucha contra el crimen porque se siente culpable por la muerte de un político (se narra en la película anterior, donde por cierto no se le ve ningún asomo de arrepentimiento, primero porque ese político se torna otro villano, Dos caras) y porque también por la muerte de su novia (también hay que anotar que en la película anterior tampoco sentimos que le dé el más mínimo remordimiento, incluso podríamos pensar que no tenía ningún sentimiento hacia ella, ni siquiera carnal. El Batman se mantiene impávido, seco, inanimado, rígido.) Bueno, pues esto desconcierta porque si se siente muy culpable y su naturaleza está embebida de coraje ¿no un hombre con la capacidad económica y preparación para tal efecto se dedicaría a vengar una muerte dolorosa? ¿Por qué deja de luchar? No queda muy claro, o es apabullantemente diáfano: Bruce Wayne no tiene ningún interés en la vida. En esta tercera entrega llega a insinuar que podría pagar para que lo mataran. En otra escena le pregunta a Bane, “¿Por qué no mejor me matas de una vez?” Bane le responde, “tú le das la bienvenida a la muerte, tu castigo merece ser más severo”. Como si Batman no tuviese en realidad ninguna misión. También hay que anotar que en la película se habla de que la ciudad está en paz, que ya no es “tiempo de guerra”, y que se había eliminado al Crimen Organizado. El dolor de Wayne no es la lucha o no por la justicia: tendria que venir de más dentro.

Si a Bruce Wayne no le produce ningún placer su vida como millonario y playboy, si no le es catártico ponerse una armadura para convertirse en el Batman, ¿cuáles son los motivos que lo empujan a actuar? Suponemos, con un poco de esfuerzo, que simplemente Batman es otro juguete de un niño rico que se cansó de jugar. Por supuesto que hay un trasfondo, debe existir algún dolor, pero en la película no nos queda claro cuál es.

Estoy seguro que para el público en general (no para el especializado en cómics que urde subtramas más atrevidas y complejas que mi sencilla exposición) Batman sale a luchar por la justicia porque es Batman y porque Bane está a punto de volar en pedazos ciudad Gótica. Si así fuese, Batman no lo hubiese pensado ni dos veces. Al contrario, se mantiene pasivo. Como Wayne es pasivo: pide, recibe, le dan, se queda quieto. Como Batman es activo: da, ordena, se mueve.

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Yo tengo para mí que (como escribí en el capítulo anterior) la lucha de Batman vs. Bane es una cuestión de egos, de confirmar quién es el macho Alfa.

Curiosamente aparecen de nuevo ciertos rasgos de homosexualidad. Digo rasgos no que lo sea. Dicho sea de paso son episodios  de duda que casi todo hombre atraviesa pero ninguno se atreve a aceptar. Pareciera que el problema central de Bruce Wayne es decidir si es homosexual o no. Y a partir de ahí “disfrutar” de vestirse y ser un héroe, hacer el espectáculo, crear el show. Postmodernismo: confusión de signos y señales, valores trastocados, oscuridad, bruma. En el Postmodernismo no hay “nada claro”, se puede ser una u otra cosa, o ambas, o ninguna; pero siempre oscilante, divagante. El Postmodernismo se distingue por su carácter elusivo, vago, inconsistente.

Anne Hathaway sale descomunalmente sensual, sexual e inteligentísima, la mejor Gatubela que se ha proyectado en la pantalla. Aquí Nolan creó un personaje casi perfecto: como villana, no villana, como mujer sexy, y como mujer a secas.

A Wayne se le presenta una mujer que raya en lo fascinante y a penas parecer moverle algo. Y pareciera que en la conclusión él opta por quedarse con ella porque esa mujer es en muchos aspectos más hombre que él: equilibrio. Él puede adormilar la decisión de su preferencia sexual o puede comprobar que ella es su equilibrio y que es un hombre heterosexual que había atravesado por un momento de indecisión. Su crisis de los cuarenta los vive a los cincuenta (edad que se supone tiene Bruce Wayne en esta película). El descubrimiento de Robin es sorprendente y podría confirmar nuestras afirmaciones.

No insisto en este tema de manera gratuita, es que en toda la trilogía tanto Bruce Wayne como Batman muestran una indiferencia con sus sentimientos que no es creíble: parece que finge, que se esfuerza demasiado en ocultarlo. El hombre maduro y exitoso que tiene que ponerse el cascarón de mujeriego, gastar sus millones y representar una comedia que oculte su verdadero yo, porque ni siquiera como Batman se siente completo; solo al inicio, como una novedad.

Cuando tenemos dentro de nosotros una herida de Ser indefinible o que no queremos afrontar tendemos los seres humanos a volcarnos casi con exageración en actos extremos o de dedicación extrema: gente que se dedica frenéticamente a comer carbohidratos para obtener una pasajera gratificación, la gente que se dedica casi obsesivamente a cultivar su físico, o quienes gastan y gastan en fruslerías, se endeudan y continúan sin parar. Las drogas de nuestro tiempo.

Así, el Bruce Wayne de Nolan ni siquiera valora o disfruta ser Batman. No disfruta maltratando gente, ya no le ve objeto. Probablemente porque en esto sí se siente culpable, porque él es tan avivador del fuego como los llamados criminales. Él mismo es perseguido por ser un supuesto criminal.

Esto nos revela a un ser humano que, como todo héroe, es “bueno”.

Su oscuridad es una cortina de humo. Se esconde en la oscuridad, en el closet inmenso de la noche porque no sabe quién es.

Este Batman no es precisamente culto ni, como dijimos en el texto anterior, estratega. No es tonto, es inteligente, pero no tiene o muestra un don que exceda la normalidad.  Se nos muestra que es tan bueno para las artes marciales como Bane, pero nada más allá.

Me refiero a ese más allá que bordea lo sobrehumano. Así, podríamos decir que el mismo Wayne tiene razón cuando nos dice una y otra vez que “cualquiera puede ser un héroe”. Y que Nolan quiso mostrar un Batman “más real”. Y lo consiguió. En este tiempo incluso está en entredicho el concepto de heroísmo. Y al afirmar el propio Batman que cualquiera puede serlo, no lo dice con convicción sino con desprecio…con displicencia, está diciendo que él menos que nadie es un héroe. Está siendo sincero.

Sabe usar sus artefactos militares porque no es estúpido, pero tampoco los diseña él (al contrario de Tony Stark): a él, como buen niño mimado de dinero le siguen dando todo en las manos.

Los personajes que encarnan con maestría Morgan Freeman y Michael Caine, actúan, más que como empleados, como figuras paternas que en su interrelación también pareciera que “saben” que Bruce no es un hombre “normal”.  Wayne “sale” con mujeres pero vive con hombres. Ambos le hacen elogios cuando lo ven ya sea con una u otra chica. Alfred querría alentarlo a guardar las apariencias solo en el ámbito de la realidad de Bruce Wayne: que se case, que tenga hijos (algo que jamás sucederá o será duradero) pero que abandone “al Batman”. Advertimos que incluso Alfred no le tiene ningún “afecto” al disfraz. Para Alfred, Bruce tiene que ser como ha sido toda la familia Wayne: tiene que jugar su papel como gente adinerada y noble, tiene que jugar su papel en la sociedad como altruista y continuar con los negocios. Y ocultar sus más intimos temores…que son sus más imbatibles deseos. Por ello, para Alfred “El Batman” es escandaloso.

En cambio el personaje de Freeman, Fox, pareciera que lo alienta a abrazar el lado oscuro: si apareciesen subtítulos de subtexto Fox le diría a Wayne: “¿qué tiene que seas gay o bisexual? Tan solo sal ya. O sé consciente de ello, ocúltate tras la máscara y disfruta de tus juguetes. Es una etapa, pasará.”

Fox es un hombre mayor que goza construyendo juguetes diseñados para matar.

Bruce Wayne tiene 50 años de edad en la película pero continúa siendo un adolescente: aún no se define.

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Selina (Anne Hathaway) y Miranda (Marion Cotillard) son mujeres no solo hermosas sino poderosas, crueles y devastadoras. Son muy mujeres. Y esto hay que agradecerle miles de veces a Nolan: no nos presenta a mujeres marimachas, en el extremo de esta ola de superioridad femenina que estamos viviendo y sufriendo (con sus razones justificables y comprensibles). Al contrario, nos muestra a mujeres muy mujeres y con los conflictos de toda mujer que a los hombres nos vuelven locos para bien y para mal: son indecisas, hacen daño “sin darse cuenta”, emplean sus técnicas seductoras para obtener lo que quieren, disfrutan de tener ejércitos de hombres que caen por ellas, son vanidosas, saben aparentar, son geniales.

El papel de Hathaway y su actuación es quizá de lo más significativo de toda esta serie y quizá es la más compleja y sobresaliente actuación de la actriz. Por fin, podemos reconocerla no solo como una mujer con gran carisma y una belleza increíble, sino como una muy buena actriz.

The Dark Knight Rises es probablemente una de las mejores exposiciones del Posmodernismo que se haya visto en cine, incluso incluyendo el hecho de que Nolan jamás la haya vislumbrado como yo la interpreto. Es parte de la Posmodernidad.

(continuará)

Quizá ya es tiempo de que vuelva Superman

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Necesitamos que Superman regrese

A falta de una acepción precisa, que no puede definirse en tiempo presente pues hay mucho del bosque que no podemos ver quienes lo estamos viviendo, se dice que la llamada Post modernidad es un pastiche en donde conceptos, acepciones, significados, significantes, se están confundiendo. Fundiendo. Fundición de significados, confusión de significados y sus referentes. Se agrega que es de la Postmodernidad tener un carácter oscuro (supongo que por la misma confusión).

El término ha tenido mayor difusión en el Cine. Uno de los héroes más venerados por públicos de toda edad es Batman. La última serie de películas dividida en tres partes (también está en boga y moda llamarlas trilogías, concepto publicitario que ha tenido mucho éxito, que es muy válido y que ha desterrado aquella vieja consigna de que segundas partes jamás eran buenas) nos presenta una aproximación “oscura” del personaje.

Se refieren a su conflicto interno, a que un héroe puede abrigar dentro de sí una patología tan grave que llega a identificarse y, muy postmodernamente, confundirse con su enemigo, quien pareciera se convierte en su reflejo, en su otro yo. Héroe y villano se necesitan para subsistir, para ser.

La ancestral lucha entre el bien y el mal toma otro cariz cuando somos testigos de su confusión. Recibimos argumentos que nos hacen pensar en ¿quién es realmente el “malo” y quién el “bueno”?

Cada nueva entrega de un personaje salido de los cómics provoca gran expectación porque nos hablan de un ideal humano: el heroísmo. Ideal porque es raro encontrarlo, ideal porque en un mundo regido por la persecución del dinero a toda costa, no importando sobre quién pasar encima, en donde los llamados valores se han debilitado y se han convertido en letra de libro, y a veces ya ni siquiera ello, desterrados de los temas escolares, de la mesa familiar (la verdad es que casi no se habla de ello ya) sentarse a ver a un personaje ficticio que lo representa es alentador, es distractor, es entretenido y es novedoso.

El furor (porque estas películas causan furor, en parte por el legítimo entusiasmo que se remonta a nuestros tiempos cuando niños inocentes, en parte por una campaña de publicidad sólida, con un arte admirable e incluso mecanismos que podría afirmarse son poco éticos, como usar los medios de información para propagar noticias ciertas o no que tengan que ver con la película próxima a estrenarse) este furor se disipa hasta la próxima película y el próximo héroe. Sucede algo similar con todo producto de entretenimiento, incluyendo los libros, no son mágicos. Cambia uno mismo si eso se desea y se esmera. Todo lo demás es entretensión. Vivimos en tiempo en que todo tiene que ser divertido: diverso, entretenido. Nueva confusión, nuevo argumento para sostener mi tésis de esta Edad de la Contradicción: nos atraen las historias más escabrosas, tenebrosas, ineludiblemente crueles del ser humano pero para divertirnos, para “pasar un rato agradable”. Ya no nos entretiene la simple burla hacia lo establecido, hacia el poder, hacia la autoridad, sino que en todo buscamos el lado macabro, el lado morboso y más aún, el lado maligno, ese oscuro que tanta promoción tiene.

Vivimos el tiempo en el que los “malos” son aún más atractivos que los “buenos”. Siempre ha existido esa sensación en la que “preferimos” ser los indios, los roba bancos, los forajidos, pero era momentáneo, siempre volvíamos a la conciencia de que, en la vida real, debíamos ser buenos: era bueno ser bueno.  Ahora eso equivale a ser un imbécil.

No vemos personajes “reales”. Mucho se dice que lo que sucede es que, al indagar en sus psicologías, los personajes ficticios se tornan verdaderos y más cercanos a la “realidad” de la gente, pero esto carece de sustento, de no ser otra fórmula comercial.

Cierto es que vemos personajes que ya no son planos, donde el bueno es bueno y el malo malo. Vemos sus contrastes, sus penas, somos testigos de las razones que los llevaron a “volverse” de esa manera. Pero no son verdaderos pues en la vida real ser realmente mala persona significa causar daño. Podrá ser divertido, incluso catártico,  imaginarse ser el malo, pero en la vida real es peligroso. A pesar de ello, la sociedad ha incorporado estas actitudes, este caparazón en su vida cotidiana y hoy en día es más admirable y hasta valorado ser considerado un hijo o hija de puta, un cabrón o cabrona.

En nuestro tiempo quienes sostienen una trama y son recordados e imitados son los antagonistas. Pero ahora los antagonistas son los protagonistas: Dr. House, Tony Soprano, Don Draper, no son dulces peras y sin embargo, son personajes ya clásicos, sin lugar a dudas, que el público admira y dice hasta querer.

Los quieren y quieren ser como ellos.

En el mundo de las historietas, Batman siempre ha llamado la atención por sus negras ropas, su actitud “encabronada”, su forma violenta de enfrentar al crimen usando sus mismos procedimientos. Batman encarna el terror de los terroristas, el criminal de los criminales. Su actuar a veces tiene que pasar por alto el honor, o la honradez. Bordea aquellos valores que un caballero real jamás, ni inconscientemente, se atrevería a traspasar. Este es el tiempo de Batman. Los malos son malos y tienen argumentos sostenibles y comprensibles para llevar a cabo sus actos atroces, y los buenos, como Batman, son tan malos como los malos porque “defienden” a la sociedad. Una sociedad que, bien mirada, no es nada “buena”. Mezcla de significados, disipación de significados. ¿Qué es qué?

En esta lucha aparente entre el bien del mal parece descubrirse una más apegada a esta realidad: la lucha no es entre el bien y el mal sino entre quién tiene más poder que el otro. La lucha es de egos.

Batman no salva al amor de su vida, no pelea por amor. No es un hombre sensible, no es considerado. No lucha tampoco por preservar la justicia (no lo haría del modo en que lo hace pues él mismo cae en métodos injustos), no lucha por la verdad quizá porque no existe. ¿Por qué lucha Batman ahora? ¿Cuál es su “misión de vida” si no es ninguna de las anteriores? La lucha se lleva a cabo en un nivel superficial: demostrar quién es el más cabrón, el más chingón.

Curiosamente Batman cuenta con recursos materiales más sofisticados que los delincuentes que busca detener.

Escribo estas líneas antes de ver la última entrega de la denominada trilogía del realizador Christopher Nolan, y parto de lo que vi en las dos primeras. Debo confesar, como nota, que me parecieron tediosas por razones más de orden cinematográfico que por el momento no tienen cabida aquí. Pero ha sido también muy interesante el enfoque que le otorgó Nolan. Y es este  Batman  sobre el cual escribo estas impresiones. Ignoro si Nolan concientemente quiso mostrar como subtexto esa ironía de nuestro tiempo: que no existe una motivación venida del alma o, digamos, profunda en los actos de Bruce Wayne ni mucho menos de Batman. Si lo hizo con ese propósito no tengo más que aplaudirle esa visión. Para mis adentros siento que no lo vio de ese modo, pero es la maravilla del cine.

Al final de cuentas, Bruce Wayne es lo que es: no es Batman. El disfraz de murciélago es tan aparatoso, incómodo (eso sí como diseño está increíble) que precisamente nos muestra a alguien que no es humano, que se cubre y recubre con capas de impresionante vistocidad para ocultar una esencia que no existe. Sé que es una armadura y las razones del cómic, pero en el contexto del personaje es solo eso: Batman es superficialidad: finge la voz raposa, el traje es descomunal e inhumano. Batman al final es para el mismo Wayne un personaje, un traje, es en efecto: un disfraz. Batman no tiene emoción (igualmente la película es cero emocionante, uno de los puntos que me cansaron hasta el real bostezo), está hueco y aquí es exactamente igual a Bruce Wayne. Entonces, ¿cuál es la tranformación? Tal vez no la hay. Tal vez es lo más simple de lo simple: tener dinero y poder le permite a un millonario disfrazarse de héroe y cometer atrocidades.

Bruce Wayne es lo que es: un millonario que fabrica armas (tenía la duda si en la tradición de los cómics siempre había fabricado armas como Tony Stark), es un hombre superficial, que juega a que no le gusta pertenecer al jet set, a las fiestas glamurosas; siempre rodeado de chicas hermosas que, por lo menos en las películas de Nolan, son en verdad elemento decorativo pues no muestra siquiera interés lúdico con ellas, mucho menos erótico; ya no hablemos amoroso. Jamás se compromete en cuestión sentimental, es una fachada que requiere porque un hombre no puede verse sin mujeres, ya conocemos las implicaciones culturales.

Este Batman de Nolan no es el Batman con el que yo siempre me había quedado (los apasionados de los cómics conocen los detalles de infinidad de historias alternas sobre el personaje, es algo muy común en los cómics y se me hace fascinante): que Batman era un gran estratega, que más que fuerza bruta, Batman era sistemático y reflexivo. Que sí, se esxedía en sus métodos, que sí, descargaba su ira sobre sus enemigos; pero también era extraordinariamente calculador. En estas películas ese Batman no está.

Yo me quedé con ese Batman que guardaba en su oscuridad un sufrimiento profundo (la muerte de sus padres) que se ocultaba en una desconexión con el mundo real, el de la gente común; provocándole  un sufrimiento adicional, sino de todo héroe: la soledad. Sentirse solo, incomodamente solo y no tener otro remedio. Este Batman no es el de Nolan. Su murciélago está hueco. He aquí una de mis grandes diferencias con el exorbitado apasionamiento de los fanáticos de esta trilogía, pero también una muy estudiable aproximación de como está conformada nuestra sociedad actual, la sociedad de cascarón: aparentamos sufrir por una causa mas ignoramos o desconocemos la real. Aparentamos conducirnos con valores, con justicia y dignidad, con valor y honestidad, pero en realidad no lo llevamos a cabo: en nuestra cotidianeidad transamos, somos poco o muy corruptos o corruptores, y nuestra conducta dista mucho de ser honorable, respetuosa y respetable, honrada. Los hombres ya no son caballeros, es casi una estupidez siquiera escribirlo o sugerirlo. Las mujeres ya no “tienen” que ser unas damas. Impera la conversación a grito y grosería pelada en lugares públicos no importando que estén niños o gente mayor alrededor. Los ancianos también se meten en la fila del súper, son también groseros y prepotentes, abusando de su condición de ancianidad.

Las madres de familia atropellan  todo lo que encuentre a su paso la carreola. ¿Dónde está el heroísmo que tanto nos entusiasma ver? ¿Realmente este Batman es un héroe? Más bien parece un “mecanismo”.

Curiosamente, la última entrega del Hombre Araña se mantiene fiel a la esencia de Peter Parker. Su humanidad conectó conmigo. Pero pude comprobar que a algunas personas les incomodó, precisamente, el que fuera “débil” porque era humano y que tuviera un amor tan profundo por Gwen. Los buenos no tienen el mismo impacto. Pero siento que no es porque el amor y el ser “humano” no existan en cada persona, simplemente no nos lo han sabido ofrecer así. Es también parte de la evolución (adaptación) del mundo. Quienes cuentan con dieciocho años ahorita vislumbran un mundo que los traicionó desde su nacimiento pero que ellos lo ven “normal”: es más valorado y buscado el ser cabrón, el saber aprovecharse de las situaciones y con ello de la gente (“¡para qué es tan inocente!”) y buscar a toda costa los bienes materiales sin importar los cómos. No es que sean “malas personas” simplemente ante este mundo están y ellos tienen las armas para adaptarse a él. Pero también he comenzado a ver signos de cambio: los nuevos niños, aquellos que ahorita cuentan con cinco, tienen “otro programa”, vienen con “otro chip”, “otro software” y, no sabría argumentarlo en estas líneas, siento que en ellos está la semilla de la nueva sociedad, la que, no lo dudo, volverá a darle significado a las cosas que llamamos la vida.

Entonces volverá a ser un valor deseado el llegar a ser un hombre o una mujer “de bien”: honrado, respetuoso, cortés, preparado, honesto. Damas y caballeros, la vuelta de las damas y caballeros. Los valores que hacían a la mujer más mujer y más femenina; y al hombre más hombre y más viril.

Damas y caballeros; quizá un poco anticipado pero el mundo ya puede estar preparado para que regrese Superman.

 

pd.

Ahora ya he visto dos veces la tercera película de Nolan sobre Batman. Me gustó mucho. Cuando las demás dejan ver “los fierros” y son más que complejas complicadas y en muchos momentos poco creíbles, esta es incluso inspirada.

Si duda la saga, la serie, la franquicia, como le gusten llamar, continúa.

El México que da a pensar, los 132 y los 132 bis & BATMAN y el cruel viral para Obama

 

 

Si partimos de la idea de que la llamada Democracia respeta los consensos podemos decir que los partidos políticos actuaron de esta manera al aprobar imprimiendo su firma en lo que serían después las nuevas reglas, leyes y procedimientos con que se regularían los comicios.  Y no recuerdo que ninguno haya objetado.

Si partimos también de la idea de que la Democracia se lleva a cabo cuando se están contando los votos emitidos y estos corresponden a la realidad despejando cualquier duda, estos se efectuaron así. Se contaron voto por voto, casilla por casilla, y el resultado no solo lo afirmó sino que fue apabullante.

Bajo estas premisas el sr. Nieto ganó democráticamente las elecciones.

Que se compró y se coaccionó el voto, que se manejó dinero malhabido, que si los medios de información, que si las encuestas; bueno, todos los partidos políticos se vieron dóciles e incluso indiferentes ante esta problemática que existe tal vez desde la Colonia. Así que, si uno firma las reglas y acepta, se está comprometido a hacer valer esa palabra y honrarla.

Revelaciones:

Tengo que aceptar que, a mi pesar, veo que los que están en contra de Obrador tienen razón cuando pensaban en su personalidad inconsistente, oscilando entre Dr. Heckyll y Mr. Hyde, pronunció palabras muy desafortunadas luego de los resultados, y si no, poco creíbles en el sentido de sus afirmaciones de que los partidos que lo respaldan no han incurrido jamás en compra de votos. Sabemos que no es verdad.

Además, si queremos creerle y aceptamos por un momento que él ignoraba estas prácticas, incluso las del PRI, pues resulta que tenemos una persona muy inocente. Y desafortunadamente con inocencia no se puede ser ni siquiera político. Pero todos sabemos que es un viejo tiburón de mar.

Me parece que López Obrador actúa, en efecto como afirmó Felipe Calderón, de manera “previsible”. Y dejo mi imaginación ir más allá: es parte de una puesta en escena en la que estaba anticipado que él reaccionaría así e incluso de manera menos combativa (no plantones en av. Reforma habrá casi estoy seguro).

Los intelectuales de la Condesa y de las redes sociales acusan a la gente que “vendió su dignidad”. Es claro que no conocen en vivo lo que es tener hambre y que los hijos anden sin alimento y descalzos.

Y, para sopresa de ellos, el 80% del país está rozando esa situación.

La gente no entiende los vericuetos y los entusiasmos vanos de quienes “le entran a la política”. Ellos quieren comer. Y si además los has educado a que nada se da sin nada a cambio, pues ¿cómo nos atrevemos a condenarlos? Ahora resulta que la mayoría de los mexicanos paga correcta y fielmente sus impuestos, y que somos todos un dechado de honradez, y que todos somos insobornables, incorruptibles. ¿En serio?

Incluso, quitando los votos que se hayan comprado, la victoria de Nieto es clarísima.

Y sí, como dijo, irónicamente Felipe Calderón, “haiga sido como haiga sido” Nieto ganó y con la ayuda de la Tele y también, aceptémoslo, de los otros partidos políticos. Así es esto.

Mi incomodidad esencialmente con Obrador es esta: si él ya sabía que el Pri y todos los partidos hacen eso, y si sabe que el poderío económico y avasallante lo tiene el Pri, y si sabe que desde hace más de 6 años las Televisoras se venden al mejor postor, ¿por qué no hizo nada para que las reglas fueran más claras y no se prestaran a estos juegos? ¿Por qué no hizo nada para que el descubrimiento de una duda con respecto a los comicios, ya no de voto por voto, sino además de compra y su coacción significase la pausa, la segunda vuelta o la anulación de las elecciones?  Él sabe que está jugando un juego.

El Pan no sorprende, siempre ha sido el paje primario del Pri.

Y me sorprende la inocencia de la mayoría de los analistas políticos: ¿no se dan cuenta de verdad que el Pri sí tiene mayoría avasallante contando a su partidito remora el Verde, la colusión del Pan e incluso la posibilidad de tener al Panal también respaldando sus iniciativas?

Me sorprende que académicos, intelectuales y demás comentaristas de los medios primero se hayan desbocado ante la supuesta evidencia de que el presidente de la  República ya no tiene todo el poder, y sin embargo solo le hayan puesto atención a esta parte de los comicios. Que se fueron con la finta, vamos. Porque es claro que los arreglos, las aguas turbias se mueven en la opacidad del día a día de los diputados y senadores de todos los partidos que dejaron pasar la Ley Televisa, que no objetaron con contundencia que el Verde tenga diputados que son ejecutivos de Televisa, las leyes sobre las ondas de radio, y ahora hasta el ACTA. La única excepción ha sido nuestro querido Sergio, Lorenzo Meyer y algún par por ahí. Punto.

Te podría relatar mil y un cosas más, tantas que incluso te adelanto que estoy escribiendo un libro sobre este tema de México, no desde el punto de vista del académico o del historiador, sino del poeta, el novelista, el imaginador, pero sobre todo, desde el punto de vista de la comunicación y la publicidad (que tanto hace que algunos intelectuales incrustados en una cerrada religión muevan sus ojitos como José Feliciano y se cierren).

Pero podría agregar que últimamente no reconozco a Carmen Aristegui, ¿qué le pasó? ¿qué está pasando?

Tan solo en esta semana que pasó publicó dos notas que se me hicieron del más descarado periodismo de Ventaneando con Paty Chapoy o de Milenio:

  1. Publica en su sitio de internet una nota en la que pone grandes fotos que decían más o menos así:  Qué tienen en común Chong del Pri, el empresario que decía Cuellos Cuellos (no recuerdo su nombre) y Yarrington…los tres tienen cuentas en HSBC.  ¿Por qué construir este tipo de notas? Una periodista que era el adalid de la seriedad y de la calidad en la información. No era ni siquiera necesaria esta alusión vaga y a todas luces estridentista. Sobre todo cuando uno comienza a leer el texto y afirma ella misma (pues ella es su equipo, ella “da la cara” como dicen) que no están afirmando nada, solo que qué curioso…¿Pues que nada más ellos 3 tienen cuentas en ese banco? ¿Nada más ellos son sospechosos de un ilícito y sobre todo en ese banco? Pues cuándo nació Carmen. Triste.
  2. Su segundo lucimiento: cuando permitió que uno de sus reporteros presionara a una jovencita (como él mismo reportero dijo), hija de un empresario (cuyo nombre no recuerdo) pero que según también está relacionado con el caso Monex. ¿Desde cuando Aristegui hace esos ejercicios del más puro estilo Ventaneando? ¿No tiene derechos la joven hija? ¿Solo por ser hija de un presunto delincuente merece ser atacada así? Incluso si fuese probadamente delincuente su padre ¿se vale que Aristegui haga lo mismo que hacen los periodistas de poca monta? Además, ¿en verdad era necesario? Ya tenemos todos clarísimo que algo anda mal con esos manejos de Monex, ya estuvo, ¿ahora qué?

Algo está rarísimo con lo que está haciendo Carmen, yo decidí ya no seguirla. Y sí sentí feo.

Qué curioso que quiten a Ferriz de Con de su noticiario, supuestamente por atacar a Nieto y no hagan nada con quien de veras es la piedra en el zapato, Aristegui. Y subrayo que no quiero que la quiten o le hagan nada, es la mejor entrevistadora que hay, no pongo en duda su capacidad. Siento que ya se le fue la brújula.  Si a esas vamos el noticiero de los Changos en ese mismo canal de Cadena Tres es más “peligroso” y más analítico (irónicamente) que el del sr. Ferriz, a quien a veces me parece le gustaría ser comediante.

Los 132 y Uno.

No me parece correcto lo que están haciendo ya dentro del 132 y del otro 132 y del 132 bis y del 132 del joven de barba. ¿Quién es quién? Me tienen confundido hasta el hastío. Entraron al aro, ya son activistas posers, detrás de su mesa en un lugar bonito ya se les ve esa mirada que desdeña ya a los que “no luchan”, que ve desde una altura que ya los mareó: se siente increíble que los medios te publiquen. La fama, la era de ser rockstar, el cascarón sin yema. Raro que no aprendieran nada de Camila Vallejo. El poder, admito que todos somos susceptibles a ello: la atención de los medios es un embrujo que nos embota a todos.

De ser un movimiento sí espontáneo y sí, que gran valor aportó a la sociedad en estas elecciones, llegó a su tope. Era natural, eso siempre pasa, pero pensé que serían auténticos un ratito más.

En realidad todo aquel que sale en los medios repitiendo y repartiendo las palabras antónimas a las de Paz, Reflexión, Orden, Respeto, Honor, Honradez, está contribuyendo, aunque no quiera, aunque su intensión sea buena, a crear un ambiente que solo causa contariedad entre la muchedumbre obnubilada…y ¿para qué? Bueno, esta ha sido la fórmula de poder y control más perfecta que jamás haya existido.

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Y por cierto, muchas cosas no checan en lo de la matanza de Colorado, de Aurora. Si así fue, si esas personas resultaron heridas o perdieron la vida, mi sentido pésame. Pero, ya hemos visto que eso no quiere decir que no haya sido una creación.

Un pueblo apartado de nombre Aurora.

El lenguaje corporal de Obama jamás había sido tan contrario a como se ha mostrado en condiciones igual o más graves. Claramente está en algo mintiendo.

También, al ver a la abogada (tan guapa como Gatúbela) con las manos recogidas enfrente y casi casi meciéndose (como si no hubiese pasado nada, casi despreocupada) declarando  lo que pasó. Al igual que el polícia que entrevistan: Obama y este mirando al suelo, jamás mirando directo al entrevistador o a la cámara (cosa que hace siempre de los siempres Obama, además de que casi nunca tiene que leer).

Los jóvenes entrevistados casi sin un guiño que mostrara que en algún momento ¡apenas pasadas unas horas! hayan sido amenazados de muerte. Uno declara que le apuntó directamente el criminal y como si nada. El otro sin pena ni gloria dice que en su huir cayó sobre una mujer “que le pareció ya muerta”.

Poquitas ambulancias. Y patrullas muy cinematográficamente estacionadas.

La mención hasta el cansancio de que se trató de una proyección de la nueva película de Batman. Ora resulta que los medios de aquí y de acullá no cobraron ni quinto por mencionar el título, de suyo larguísimo, de la nueva cinta.

Resulta que la productora Warner Bros solita sale a ofrecer disculpas…¿por qué? ¿Batman creó esto? ¿Una película? Entonces por qué no mejor sacan del mercado de cines la película, no verdad?

Supuestamente cancelan la alfombra roja en Paris, y en México (imagino que cada país dirá que en el suyo se cancela) ¿De veras es creíble que por Batman?

El joven delincuente, dicen, estudiaba ciencias, y cuando describen su vestimenta casi casi iba de Bane, el villano de la cinta. ¿En serio?

Y primero, se les pela en un pueblo a las doce de la noche.

Luego lo encuentran, lo llaman en los medios “el presunto asesino” ¿pues no todos hicieron la más detallada descripción del villano?

Si hubiese sido dentro del cine, en efecto hubiese existido tal cantidad de muertos pero no solo por disparos, sino por aplastamiento. Es una de las causas más comunes de muerte cuando el pánico se esparce. Y nos recalcan hasta el hastío que hubo pánico.

En fin, que la carrera por el poder no tiene límites. No atribuyo este cruel montaje a los productores de Batman, pero se aliaron y se prestaron al juego del gobierno de los Estados Unidos.

¿jalado de los pelos?

Hace años derribaron un par de Torres en Nueva York, hace poco ahorcaron a un dictador por tener armas de destrucción masiva que jamás aparecieron, en México un tal Aburto mató a Colosio y luego eran muchos aburtos, y dicen que hasta las elecciones se pueden ganar con tarjetas de una tienda de autoservicio.

Pero no, no creo que sea cierto. Son exageraciones…¿verdad?

 

 

pd. el soundtrack está muy bueno: me gusta que canten heil heil batman batman heil heil batman batman (al menos siento que eso cantan)

Anne Hathaway se ve in    cre     í    ble.

En fin, a ver si tanta cosa vale la pena y esta tercera sí es buena.

Política se llama la serpiente

“La política: del griego πολιτικος (politikós) «ciudadano, civil, relativo al ordenamiento de la ciudad»”

Política es aquel ejercicio primordial en su entorno que consiste en lograr acuerdos mediante el uso y abuso de la palabra. Se privilegia la palabra oral sobre la escrita. Y esta solo se presenta en cuanto sus formas cuidadas hasta el paroxismo, no se comprometan a nada concreto.  Oralmente (hacia adentro) sirve para ponerse de acuerdo, escrita es un rosario de abstracciones.

La política se cuida las espaldas siempre.

La política es sofisticada en tanto que presenta una elegancia poco natural, no es compleja sino complicada y esta es su naturaleza.

La política se sirve del abuso del lenguaje. Lo viola, lo manipula y echa a perder significados banalizándolos. Porque para la política el lenguaje es solo instrumento y como sus actos, no le tiene respeto.

La política es banal, es superficial. No es su propósito profundizar sino aletargar.

La política funciona mediante un conjunto de técnicas, procedimientos, formalismos, procesos y/o sistema que tienen como fin aplazar las acciones más que apurar su implementación. En la lentitud está uno de sus mayores poderes. Porque presentada hacia afuera, hacia las masas, desespera, cansa, ayuda a que sea desperdigada en la memoria, ya que su entramado y acción real se lleva a cabo bajo ese escenario.

La política hacia afuera busca que se disuelvan las ideas, por dentro, con las que se hayan apoderado, van andando paso a paso hacia sus beneficios, exclusivos para los políticos, no para la gente.

Política es la cortesía extrema hasta grados increíbles, o sea, de no creerse, de nula credibilidad; pero que, sin embargo convence. Siempre la cortesía, las promesas y el ofrecimiento de futuros promisorios convencen. La política es el reino del dechado de halagos insinceros, de los reconocimientos que se obtienen mediante elogios y favores. La Política devuelve el favor haciendo favores. Es negocio, es negociar, es trocar, es transar.

La política no busca la verdad, no es su misión. La política busca obtener victorias para un bando llamado partido con el fin de que sus individuos se acomoden en escalafones más altos de privilegio y poder.

La política busca ejercer el poder. Busca el control de las masas. La política necesita no tener escrupulos para poder ser.

En la política hay ceremonia y respeto (que es más bien temor) hacia los semejantes políticos, no importando que sean contrarios. Pero carece de toda consideración cuando es necesario para sus fines apartar, nulificar o destruir a alguien de menor grado.

Con sus excepciones, en general entre políticos del mismo nivel, sean del mismo o distinta ideología o partido, jamás se destruirán, incluso se defenderán. Pese a que sus debates, presentaciones de cargos y descargos, apariencias de análisis, pueden llegar a ser acalorados, fuera del teatro que es la Cámara o el recinto donde son reunidos a discutir, la condición de cortesía extrema y artificial tolerancia es parte de su naturaleza.

El político disfruta las discusiones. Política sin discusión y pelea verbal no es política. Pero siempre se queda en ese nivel pues el objetivo de la política es evitar aterrizar puntos concretos sobre la mesa.

En política los detalles de un acuerdo se llevan a cabo fuera de la esfera supuestamente señalada para ello (las cámaras, oficinas, salas de juntas). Las negociaciones se realizan a la hora de la sobremesa, en un bar, en un campo de golf y entre menos presentes mejor.

La política es llevar la corriente, dar el avión, te da por tu lado. Jamás expresa con claridad realmente sus intensiones ni tiempos ni maneras. Simplemente así es.

La política nada tiene que ver con la cercanía al pueblo en el sentido altruista. Llegan a este como consecuencia secundaria de los negocios que ellos realizan. Necesitan una pantalla pues sus negocios no son limpios.

Los políticos nunca pierden, aunque estén enfrentados, entre ellos, siempre se llevarán una ganancia. Por ello es cierto cuando dicen que en una contienda “nadie pierde sino todos ganan”, “ganamos todos”, “llegar a acuerdos”: los políticos, aunque aparenten dirigirse a las masas,  siempre tienen como reales interlocutores a los políticos.

Los políticos usan el “nosotros” de manera real cuando se hablan entre ellos, pero al dirigirse a la gente ese “nosotros” aparece como una supuesta inclusión de la comunidad toda en los planes. Y sí están incluidos pero únicamente como medio para que ellos obtengan sus fines.

Los políticos tienen que ser buenos negociadores. Siempre hayan el beneficio en cualquier empresa. Los políticos aprecian los tecnicismos y al mismo tiempo las vaguedades; todo aquello que confunda el mensaje.

No es de un político ser claro o sincero y al ser la política un campo de negociaciones en donde es vital hincarse ante unos y pasar sobre otros, sin que nadie (de ellos mismos) se quede sin nada, no puede ser honrado.

Hacia las masas, sea cual sea el medio de información que utilice un político siempre dirá lo contrario de lo que realmente acordó con otro político. Comenzando con que no es su primer fin ver por el bien de la sociedad.

El primer objetivo de un político es tener poder, gozar de privilegios, tener riquezas y siempre servir al superior no importando ser él mismo humillado, denostado o ninguneado. Es parte del ascenso, pero siempre un político deberá hincarse ante alguien más.

El buen político no se muestra descortés ante el llamado pueblo. Al contrario, para un buen político cada ciudadano es un voto potencial. Oye siempre, pero difícilmente escuchará a menos que entrevea un beneficio para su partido. El mal político ve primero el beneficio propio. El buen político está incrustado en la estructura de su partido, quiere estarlo, lucha por ganarse mayor reconocimiento; por ello, para el político profesional es real cuando dice que sigue las instrucciones, estatutos, mandamientos y reglas de su Partido.

El verdadero político tiene como autoridad máxima innegable, incontrovertible, indiscutible al Partido. Concepto que carece de rostro, de nombre personal o de apellido. Es EL Partido.

Un político en efecto no es nada sin el pueblo o sin ciudadanía que lo respalde. Por ello el buen político busca hacerse del respaldo popular e indaga en mecanismos que aseguren su lealtad. Y la lealtad más duradera es la que se aprovecha de la necesidad de los demás. Para el político no es un sin sentido, no es crimen ni falta, es simplemente un mecanismo que les ayuda a obtener las victorias que requieren frente al adversario. Pero tampoco es la primordial meta de los políticos medianos acrecentar el número de lealtades compradas. Por ello existen (sobre todo en México) partidos políticos que a las claras no se les ve pinta alguna de “querer ganarse al pueblo”, y se abocan a mantener su situación de privilegios. En política la lealtad es hacia el jefe y al partido; las victorias y derrotas se miden, se festejan o se sufren, en tanto que la cabeza y/o el partido obtiene más beneficios. Existe en México un partido que tiene como fin casi vital detentar el poder, lo cual significa a toda costa. Y existen “los otros” partidos que se sienten más agusto recibiendo los beneficios abajo. Como en la política “no hay perdedores”, en efecto, los partidos “de abajo” reciben su parte generosa de privilegios, dinero y su coto de poder opuesto.

Contradictoriamente, para que el partido mayor prevalezca requiere de oposición. Pero esta es solo parte de la Representación. Porque la política necesita generar confusión, para que los temas verdaderos queden ocultos o desapercibidos por los ojos de la ciudadanía. Los partidos, por lo menos en México, no son realmente de oposición. Fungen principalmente como atribulantes del entorno social, ya sea en pensamiento o en acción. Esta representación teatral ha terminado convirtiéndose en su segunda naturaleza, por ello no existe voluntad ni iniciativa sincera de abarcar más poder, de estar en contacto con mayor número de ciudadanos ni de transmitirles su pensar y su misión.

Con más razón en este tiempo en el que el significado de izquierda o derecha ha perdido sentido. Son palabras huecas. Los partidos políticos se rigen solo por los privilegios de los que podrán gozar.

De igual forma, al mantener centralizado el poder en un distrito Federal,  la percepción de lo que sucede en México se fragmenta. Permitiendo que, básicamente, tres sean las únicas ciudades con un mediano nivel cultural y ventana cosmopolita para dejar el resto del país en una nebulosa que también, va separando más la pequeña clase acomodada de las mayúscula clase baja.

Los partidos políticos de abajo son satélites del partido mayor: trabajan para él, para sotenerlo y en sus supuestas oposiciones lo legitiman.

En México, la más grande representación de la política sucede cuando es época de elecciones presidenciales y/o gubernaturas de estados. Pero para los políticos es solo eso: una representación, porque el real ejercicio de repartición de poderes y privilegios ya se llevó a cabo antes de todo ello. Claro que no todos son convidados a la cena de los planes específicos, pues es necesario enardecer su llamada pasión y enardecerla en los adversarios y derramarla hacia los ciudadanos: la confusión, el embotamiento de los sentidos y la minimización del estímulo a una actitud reflexiva, pausada. Por ello, probablemente el órgano de mayor control sobre la población es el educativo. El otro es el entretenimiento.

Porque necesita de formas, de La Representación, la Política es el espectáculo más grande y eficiente (pobre intelectual y culturalmente hablando) que ha visto la humanidad.

Juego de espejismos, juego de póker, práctica de las apariencias, carnaval de promesas hacia afuera y compromisos que se cumplen hacia dentro, ambiente de máscaras, oasis para el disimulo y la superficialidad; red sofisticada, mecanismo de control; política, campo minado, terreno de los astutos y los más terrenales. La política es el oficio del mareador, del encantador: Política se llama la serpiente.

La nueva negra esperanza

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O lo hacen a propósito sus publicistas totalmente tenebrosos o de verdad no me explico.

Primero: pasadas las elecciones todo lo que se refiere al sr. Nieto se enmarca con fotografías viradas a tonos sepias (referente de lo antigüo) y ahora

Segundo: el diseño de la portada de un libro que el sitio del PRI y del sr. Nieto promociona titulado “La gran esperanza” presenta una imagen del virtual presidente dándonos la espalda, mirando “hacia atrás”, al pasado que no se ha ido. ¿Burla? ¿Cruel ironía? Gráficamente nos echan en cara un “sí, sí viva el pasado, viva, no nos importa, esto somos nosotros, el Pri”. La atmósfera más que elegancia ofrece un panorama oscuro en donde el primer mandatario nos muestra, pasadas las elecciones donde se abrazaba con todos, que no tiene ojos para la gente. Una actitud en la fotografía como si “alguien” le estuviese hablando al oído.

Por supuesto que no estoy diciendo que lo hicieron pensando cada paso que estoy diciendo, no dan para tanto. Esta foto la sacaron pensando en que se veía muy bien con ese perfil y la atmósfera quería ser elegante. Siempre presentarlo bien parecido. Pero no pocas veces estos ejemplos nos hablan de lo que las personas detrás del presidente “piensan en verdad.” No les otorgo el nivel maquiavélico, simplemente dejan ver o su desconocimiento de la publicidad política o que solo se guían porque las piezas se vean “bonitas”. Y dejamos claro que se trata de personas con amplia trayectoria en la venta de productos y servicios.

Un sr. Nieto que parece decirnos: “Si estás en mi contra: yo te daré la espalda.” “Si esás conmigo: poco me interesas”, “Yo miro al pasado y solo tengo oídos para aquel al que soy leal”.

Siempre de los siempres (y esto sí es de primero de kinder, diseño para principiantes), en lenguaje publicitario e incluso cinematográfico “el mañana”, el “horizonte promisorio” está hacia la derecha; no me pregunten por qué pero así es. Como los logotipos o flechas, siempre tienen que apuntar hacia la derecha para denotar progreso. Hacia la izquierda significan, según convenciones ya más que clásicas y archisabidas si se es buen diseñador, retroceso.

Estas piezas tampoco hay que tomarlas tan a pecho, pero es incluso divertido notar como se revelan en estos detalles que son tan simples. Mucho que seguir reflexionando y descubriendo.

El Señor Presidente

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Enrique Peña Nieto, el Señor Presidente

Sergio Aguayo, en su columna del 2 de mayo de 2012 titulada “¿Quíen es EPN?” escribe ciertas frases que concuerdan con los signos de personalidad que hemos esbozado: “Peña Nieto aceptó salir de su burbuja”, anota que el virtual presidente puede sobrellevar respuestas con generalidades pero muestra deficiencia cuando se trata de los detalles. Es sorprendente como quienes le rodean e incluso no pocos interlocutores responden al lenguaje que los coloca de inmediato en una posición servil, típica de la atmósfera que expele el Pri desde su nacimiento. Aguayo apunta, “pudo apreciarse una vision jerárquica de la relación gobernante-ciudadano, las 19 preguntas (había aceptado presentarse a un foro público) de las planteadas fueron formuladas en un respetuoso “usted”, el respondió con el “tuteo”, forma que denota falta de cortesía y respeto, en cierto sentido de superioridad, como se decía en el viejo regimen, “la forma es fondo”.

Lo que es de notar aquí es como los receptores, los interlocutores del sr. Nieto, casi automáticamente se hincan con sus palabras. No se dirigen a él de tú, como él hizo con ellos, todo lo contrario, presentan una actitud agachona y tal vez temerosa. Otro rasgo netamente Priista. Estar frente a un priista provoca más temor que respeto.

Aguayo señala que en ese encuentro se notó su “obvia maña de capotear lo incómodo y refugiarse en generalidades que siempre jalaba al terreno personal: se presentó como experimentado y cumplidor porque se compromete ante notario (calló cuando le preguntaron si esto lo obligaba legalmente). Presentarse como hacedor de milagros resuena entre las multitudes que añoran al “Señor Presidente” que todo lo sabe y todo lo resuelve.”

Aunque Aguayo se centra en cómo se presentó Enrique Peña Nieto, lo que a mí me asombró fue la respuesta de la gente. Si el Pri está de nuevo en la Silla es porque ha respondido, nos guste o no, a una mayoría que, como con precisión escribe Aguayo, añora al Señor Presidente. Al pueblo lo que pida.

Los partidos políticos opuestos, los “especialistas”, los “expertos”, los que se oponen a todo lo que huela a Pri con todas sus entrañas, debido supongo al enervamiento, se les olvida que la mayor parte de la población mexicana, en efecto, añora al Pri. Lo añora porque representa al Tata, al padre. En infinidad de poblados es aún costumbre besar la mano del padre, hablarle de usted, es impensable rebatirle un designio. El tráfico de mujeres ha dejado pasar esta particularidad vital: en la mayoría de los casos, el padre de familia es quien ofrece a las hijas por unos pesos. Es una acción cultural. Con cultural me refiero a que es parte de su arraigo, no tienen la “conciencia” de que estén cometiendo un delito o una atrocidad. Simplemente así son las cosas cuando no se tienen recursos. No vayamos muy lejos: la llamada tradición de la fiesta de XV años, aquella que “presenta en sociedad” a las chamacas proviene de un acto que subrepticiamente era de venta: se expone a la flor al mejor postor. ¿No hay acaso una frase popular que se toma a guaza que reza “así sí baila “mija” con el señor?

El Pri prevalece porque ha sido el único que ha absorbido la tradición mexicana a tal grado que parecen inseparables. Los otros partidos en su visceral oposición han dejado pasar por alto el rasgo cultural, histórico que detenta el Pri desde que nació.