Tiempo PRItérito o la dictadura pluscuanperfecta

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No hay vencidos.

No hay derrotados.

Gobernaré para todos.

No volveremos al pasado.

Incluyente.

Ganó México.


Leímos al inicio algunas de las frases mágicas (porque pareciera que tuviesen un influjo mágico) que el PRI ha usado durante toda su existencia, jamás apagada, jamás silenciada.

En mis tiempos de estudiante un profesor brillante nos dio una sencilla clave para interpretar los dichos de los políticos: “para saber lo que realmente te quieren decir: piensálo al contrario.”

Una telenovela en tiempo real

Son varios los factores que intervienen en la creación de esta torre babelísima en la que las únicas víctimas son las personas comunes o aquellas que no están inmiscuidas en ese horrendo animal llamado Política, hablamos de algunos en este articulo inicial:

Una sobrepoblación de analistas de los cuales solo se salva un puñadito: Sergio Aguayo, Lorenzo Meyer, Ricardo Raphael, Ricardo Rocha, Carmen Aristegui. Punto. Por ahí alguno que yo no conozca. Pero no pasan de diez. La cantidad apabullante de personas autodenominadas como periodistas, críticos, analistas, y demás nomenclaturas (las más hilarantes “expertos” o “especialistas” así a secas) que solo se dedica a quejarse investidos en el traje de críticos, que no miran a los ojos y bien cobran sus cheques.

Dato útil: si se quiere pasar por intelectual informado solo quéjese, diga que todo está mal, que nada le sorprende, que ud. ya lo sabía, actúe como mago, profetice aunque diga que no profetiza, y luego, si le atinó a su nostradamus fatídica profesía acredítecela, siga sembrando la desolación. Un intelectual que no aparenta desolación no puede ser tomado en serio.  Lentes ayudan y sacos de pana o terciopelo.

La opinología en todo su esplendor, en donde las redes sociales demuestran que casi todos los que salen en la tele han dejado de ser los líderes de opinión.

Un melodrama que no ha cesado de formar parte del imaginario cultural del pueblo de México en el cual, nos guste o no, el PRI ha sido el único partido que “entiende lo que la gente quiere” y cuyos actores son: los opinadores, las encuestadoras (otros opinadores que dan qué opinar a los opinadores para propagar los mensajes virus ya digeridos y opinados para que la gente crea que opina por cuenta propia), la televisión y sus telenovelas, las estrellitas de esclavitud mega comprada con alma y todo, las agencias de publicidad, más opinadores en la radio, prensa, redes sociales, internet, los empresarios (ocultos los astutos), los precarios movimiento sociales, sus infaltantes infiltrados; y solos como público el público que, la verdad, no tiene ni vela en el asunto, hasta que le ruegan que vote. Omití a los carteles porque no atino a acomodarlos como público también. Sí. Así.

La sed de poder, la enferma, desquiciada sed de poder, el insaciable hambre por el dinero, las mujeres, los hombres, el sexo, las drogas legales e ilegales (que irónicamente dicen combatir), los egos encrespados de los llamados intelectuales del círculo rojo, la soberbia paralizante de asociaciones civiles, son los ingredientes que en esta mezcolanza nos agregan a los pueblo, a los ciudadanos, a los gente, únicamente para revolver nuestros hígados, indignarnos de a gratis y provocar, no el entusiasmo de que hay una ventana allá arriba, sino que todo está perdido y que lo mejor es vivir ya ni tristes sino enojados sintiendo dolor y agachando la cabeza. ¿Rasgo mexicano?

Recalco que ni defiendo al PRI ni a ningún otro, este ejercicio intentará probar que todos los partidos políticos han tejido esta intríncada pero también fascinante trama que no sé qué novelista podría transportar a un libro. Yo diría que es imposible.

¿Por qué escribo que el PRI es el único que ha sabido escuchar lo que el pueblo quiere?

Porque lo conoce muy bien, porque sabe tratarlo, sabe seducirlo, sabe ganárselo. Un paréntesis: Por favor: intentemos leer esto sin hipocresías, cada quien para sus adentros, sé que siempre sale el defensor momentáneo, el que saca la bandera y se arroja envuelto en ella..¿sirve de algo? ¿Sirve de algo cuando queremos poner las piezas en una mesa, sin tacharlas a la primera, para simplemente tratar de entender? Cierro paréntesis.  Los demás partidos ni siquiera se toman la molestia de estudiar, comprender, entender los mecanismos que para el PRI son, digamos, infalibles.

El PRI es el único partido realmente político

Le sabe dar por su lado a todo mundo. Sabe engatuzar. Contrario al PAN y al PRD que continúan erigiéndose como monolitos rígidos, incapaces de transformarse, de ser maleables de acuerdo a las necesidades de la gente para utilizarlas a su favor. El PAN se ha quedado enganchado en una actitud soberbia, perdona vidas, acartonada que, según ya vimos, de nada le ha servido. Sería aire fresco el que realmente este partido hiciera una pausa y redefiniera lo que quiere, sin palabrería hueca, siendo sinceros, un ya basta ellos mismos, para que recuperasen lo que tanto andan alardeando: su fundación, Gómez Morín, H. Álvarez., si de veras rescataran esas bases y las transladaran al tiempo presente, podría México contar con una organización útil. Lejos se ve.

El PRD, hijo ignorado del PRI pero que ha aprendido las lecciones nefastas pero útiles y que, ni modo, ningún partido podría abandonar: ese saber convencer a la gente, eso que llaman “populismo”, una descalificación, porque la usan para descalificar, que es justamente la fuente desde la juventud desde la cual el PRI bebe agua. Y pensar que la cuestión podría modificarse con solo cambiar el sentido o la palabra entera. Está mal ser populista, no lo está ver por el pueblo. Y todos los partidos le entran al populismo: el PRD lo ha aprendido bien, pero sin los alcances casi magistrales del PRI y el PAN, bueno, el PAN hasta torpe es en esos menesteres. Un PRD que se ve imposible abandone la percepción que ostenta casi con orgullo de sesentayocheros ya viejitos, de marchas, de bloqueos de calles, de pueblo. Un PAN que presume de tener niños bien y que justamente despojándo su soberbia e intolerante acepción podría ser un claro beneficio de un partido que sí, nació de empresarios para empresarios, que sí, nació en la clase media  por la clase media. Pero parece que ellos mismos, contrariados, se avergüenzan de ello.

Al PAN le da tirria la gente. Grave problema. El PRD aquí tiene más oportunidades  pero por alguna razón no ha querido expandir su pensamiento o posición política a lo largo de toda la República. Ambos partidos están centralizados en el DF. Otra desventaja: santo que no es visto no es venerado. El PAN, es bien sabido, solo recluta candidatos, casi al azar y por apariencia física o estatus, cuando es tiempo de elecciones; nunca se ha preocupado por adentrarse en el sur. Impensable. Sacrilegio. ¿Por qué?

El PRD nunca se ha preocupado por sembrar en el norte, impensable, inadmisible, ¿por qué? Ahora que recobra el segundo sitio tiene una oportunidad dorada de darse a conocer y ganarse esa población que solo la mira cuando hay que votar.

Esto prueba que las elecciones no son ese ejemplo tan quasi sacro de la llamada democracia en formación. La única y más cercana forma de democracia, a falta de un nombre correcto,  porque la democracia en realidad no existe, pero eso lo abordaremos en otro espacio.  Las elecciones no se ganan con votos, no solo con ello. Y las campañas publicitarias no ganan elecciones, sí, sorpréndase anónimo (e)lector…Antes ya hay una elección de la cual nadie estamos enterados. Y nadie se ha tomado siquiera la molestia de  investigarlo en el interior y ningún partido denuncia porque todos ellos, al final, se van a comer juntos, se ofrecen los vinos  y quesos más caros (pagados por el pueblo), departen y ríen en la misma mesa, burlándose de la gente.

La evolución democrática (continaremos usando la frágil acepción para no perdernos más)  solo se ha visto en términos concretos en el Distrito Federal, fuera de ahí, todo ha seguido como hace ochenta años, no importa que sea PRI, PAN o PRD.

Curiosamente el PRD es el  partido que, gracias a que  acepta su gen de lo “popular” que tanta tirria le tiene el Pan, es quien ha logrado avances. Es notorio atestiguar como un PRD con un Marcelo Ebrard o un Miguel Ángel Mancera es percibido tan distino que un PRD con una Dolores Padierna, su esposo de las ligas y Chuchos. Sí se sienta a analizar las cosas, el PRD tiene una oportunidad de oro para convertirse en un partido apegado a la gente pero moderno, irónicamente moderno, constructivamente moderno. Al PAN, pese a que tiene sustentos para reconstruirse, le falta más trecho: tienen tal terror a la gente que veo casi imposible que cambie.

Esta serie de escritos causará no pocos escozores para quien por casualidad la leyese. Pero he vivido desde dentro y fuera la vida de los políticos, partidos y asociaciones civiles, y me dejó pasmado el mecanismo casi inhumano que los mueve. Una maquinaria que no se molesta en mirar hacia los lados ni hacia donde se dirige, solo andan, solo se mueven hacia ninguna parte haciendo lo que aprendieron hace veinte, treinta años, verbalizando que es timepo de cambiar pero haciendo exactamente lo mismo. Robots que solo rompen su inhumanidad cuando aflora un peculiar ego y aire de superioridad. Hay detrás muchas razones (además de las económicas) pero aprendí que en esos terrenos no hay ya nada qué hacer.

Aquí lo dejo como un comienzo para moverlos, sé que se irritarán mucho, pero así es esto: El PRI continúa y continuará ganando mientras no exista una población más instruida, mientras no tengan oportunidades reales de crecimiento. Si la gente sigue siendo vista como carne de cañón, como votos, jamás podrá gobernar otro sistema.

Y si esto lo aunamos a lo que está sucediendo en la escena mundial y nos percatamos que entre izquierdas y derechas no se hace uno, que las ideologías ya no existen,que desaparecieron con el muro de Berlín y la caída de la URSS, que solo el ansia de poder y de dinero es la motivación, que nadie lo quiere ver pues ¿cómo se venderían entonces?, estamos ante un panorama que podría parecer desolador.

Pero, contradictoriamente a lo que esperaría el azaroso lector, no es mi intensión trazar un mapa pesimista: es lo más fácil. Criticar es facilísimo: lo vemos hasta el cansancio en la tele, en los cafés. Me propongo escribir esforzándome en no irritar el tono del discurso, tratando no de dejarlo neutral porque pecaría de insincero, pero, con la anuencia del lector, tomando en cuenta que no se trata de atacar, que no hay subtexto ni entrelineado, sino dejar asentado lo que está pasando y siempre tratando, tratando por lo menos, de proponer o de verlo con filosofía, como dicen.

Porque esto ya está tan devastado que no hay novedad en ello. La novedad de estos escritos se hallará en la posibilidad de comprender que, aunque suene a cliché, la respuesta constructiva solo yace dentro de cada persona.

Ya no es posible continuar viendo a los partidos como pseudo padres, para eso ya existe el PRI.

Ya no es posible continuar por el camino que necios siguen andando los otros partidos políticos, que ni aprenden de lo bueno y malo del PRI (por darle esas calificaciones más comprensibles por todos, porque en realidad, bueno y malo no hay y quién sabe qué sea), y que no tienen el mínimo interés de definirse, de preguntarse con entera sinceridad qué son y qué hacen en la escena y qué quieren lograr ya ni siquiera para la gente sino para ellos mismos.

No está mal que un partido luche por ganar votos o que siempre esté pensando en ganar votos. Es la manera, son los mecanismos los que han sido perversos desde el principio. No existe un real interés por ganarte el voto, el apoyo de un ciudadano. No se lo ganan con hechos. Y bien visto está en la vida que quien te promete algo ya te está mintiendo.

Todos los partidos políticos son responsables de que el PRI ascienda de nuevo a la presidencia de la república. No la gente. La gente no tenemos la culpa. Porque se nos quiere cargar el muertito. La gente hemos estado inermes ante la apabullante danza de estupideces y de astutas maniobras que solo juegan con nosotros.

Esta elección ya estaba dada. Independientemente de las teorías de la conspiración que irremediablemente podrían adivinarse en estos escritos (y que tampoco es nuestra intensión), la realidad es que los partidos políticos vuelven a demostrarnos que no tienen ni han tenido ninguno, ni el más mínimo interés en hacer crecer a la ciudadanía, en instruirla, informarla, formarla. Todos conciden en tener un pueblo más ignorante y una ciudadanía distraída.

Se ha comprobado con movimientos como el del #132 que entre más instruida está la gente más difícil es que se le duerma o que se le convenza con una campaña de publicidad. Ahí quedó ya comprobado. Y nadie lo puede objetar.

Pero la inmensa mayoría no tiene esa ventana. No tiene ni siquiera cabeza para pensarlo pues no sabe leer, no sabe escribir, no tiene para comer, anda descalzo, tiene hijos que alimentar, está enfermo, su casa es endeble. Es un insulto “exigirle” a la gente que sea honrada como una roca, imbatible, incorruptible: cuando no tienes para comer todas esas palabras son solo eso: palabras.

También intentaremos aclarar esa gran nebulosa que tiene a todos apabullados erróneamente y que peligrosamente  la han convertido en la gran villana: la publicidad. Ni es todo lo omnipotente como se le achaca y ni es tampoco el demonio. Es una herramienta muy eficiente y efectiva. Quien la use mejor servirá mejor a sus propósitos. Perdón el descaro pero la publicidad es como la vida: no es ni buena ni mala, simplemente es.

La publicidad no corrige el lenguaje, no es la Real Academia. Sirve tener mayor cultura pero no es esencial. Es esencial tener un sentido de “la calle” más que doctorados. Sirve tener sensibilidad artística, pero no es un arte en sentido estricto (aunque Bernbach sí la tomaba como arte para subrayar que no es una ciencia, lo cual es cierto), sirve la información, pero la publicidad no ha sirve para cambia la cultura. La publicidad simplemente le devuelve a la gente su cultura. Suena sencillo pero no lo es. Hasta hacer tortas tiene su chiste.

La publicidad es eficiente en tanto que tienes el pulso de la cultura, de lo que realmente mueve a la gente. Las asociaciones civiles, los partidos políticos, los intelectuales, ruedan sus ojitos como José Feliciano; les hablas de publicidad y se cierran. Su actitud es recharzarla porque su estatus de intelectuales o académicos queda desnudo.   Lástima. Porque aquellos que salen en los medios masivos quieren analizar campañas desde el punto de vista de sus estrategias de comunicación cuando no son publicistas. Una excepción: Sergio Aguayo, que aborda todo desde su real conocimiento y erudición de este país sin aventurarse en terrenos estridentes o efectistas. Y casi podría decir que es el único que escucha y que, por lo menos, tiene la voluntad de comprender cómo trabaja ese entramado llamado comunicación publicitaria, redes sociales, etc. Fuera de él, a ese nivel, pues no he visto a nadie.

Ningunear a la publicidad es como esos tiempos en casa en donde alguien era gay y nadie quería aceptarlo. Y no era bueno ni malo, solo era gay. Ningunear a la publicidad ha sido otro de los factores por los cuales Enrique Peña Nieto se erige como próximo presidente de México. Ahí tienen los resultados.

Si los periodistas, los otros partidos políticos, las asociaciones civiles, los intelectuales, incluso la gente común tuviese un conocimiento fidedigno de qué es la publicidad y cómo trabajan sus mecanismos les sería tan tan útil y podrían ver las cosas desde la perspectiva que, ni modo, es la que más poder le está dando a las televisoras para crear presidentes. Pero les da tirria, es como sucumbir, es como aceptar que te podría atraer el sexo opuesto. Bueno, allá ellos.

Los demás partidos no hacen publicidad, la tuercen, la regresan a sus rígidas condiciones, le quitan la vida. Ahora los llamados comunicadores sociales quieren hacer publicidad y es un animal totalmente distinto y distante de ellos. Nada tiene que ver emitir boletines con ese aire y lenguaje de político que vehículos de comunicación sencillos, limpios de madejas linguisticas que con las herramientas de la publicidad se tornan mensajes que le “llegan” a la gente.

Francamente no me sorprende nada de lo que está pasando. Y al mismo tiempo me asombra. Me produce una curiosidad más intelectual que activista o apabullada. Así son las cosas.

Si a eso reiteramos el descuido, la nula importancia que los partidos políticos todos tienen por la gente. Y, contradictoriamente, enojosamente, el único que sí los ha oído, para bien y para mal, para usarlo, para sacar provecho, para tenerlos tranquilos mientras la ignorancia y la pobreza siga esparciéndose como fuga de agua, desbordándose en cada rincón que tenga un aparato de tele, el único ha sido el PRI.

No hemos vuelto al pasado, simplemente el PRI jamás se fue.

Insiten los “expertos” en que el PRI “regresó”, bien mirado jamás se fue. Y el PAN, pues historicamente siempre se ha visto termina cediendo y apoya toda política priista (a saber si ha sido por el bien del país).

El país no está de luto como por ahí proclaman los resentidos (los de la izquierda, vamos). Decimos todos que respetamos la democracia. Hoy por hoy, como la tenemos a esta democracia de papel maché, el pueblo votó y los resultados ahí están. Y hay que respetarlos. Los partidos políticos todos aprobaron las leyes electoraels, aprobaron los formatos de los debates, ¡aprobaron (por acción o omisión) la ley Televisa! Ya qué le rascan.

Poco probable será que se revierta la designación porque también es cierto que no gana el que el pueblo quiera, contradicción también, aquí iremos adentrándonos, aquí gana el candidato elegido por unos que son poquitos, pero que detentan todo el poder.

No apoyo, no me molesto, no estoy indignado: quiero hacer algo al respecto. Quiero aclararme las cosas. A mí no me llevan a su ola de sufrimiento, los ciudadanos defraudados, ni los partidos, ni las organizaciones civiles, todos que gozan al parecer de andar viendo al suelo y con la capa caída; a mí no me arrastran para allá. En cambio, quiero aclarar, quiero ayudar a limpiar el terreno. Ya basta de que todo lo veamos con tono irritado cuando no hemos hecho mucho por cambiar lo que decimos está mal. Es más fácil criticar, es más fácil ver para abajo. ¿Rasgo mexicano?

Por esta razón, nuestra comoda indignación, es que gana el PRI. Y no me refiero a salir y parar las calles, y mucho menos a generar situaciones que rompan la tranquilidad. Simplemente que cada quien, dentro de sus casas debería de examinar si realmente es el ciudadano que tanto proclama debe ser respetado. Y también si nos hemos detenido a recordar que el hambre es el pan de cada día de millones, millones de seres humanos. Así cómo. El DF no es el país y  todo es percepción.

El tiempo mexicano, como lo llamó Carlos Fuentes, es justamente el tiempo pasado. Nostálgicos, pacíficos, tradicionales mexicanos que somos, para bien y para mal con un poquito de tiempo compuesto del subjuntivo pluscuanperfecto “y si hubieramos”.

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