Tiempo Pritérito II

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Leyendo de nueva cuenta lo escrito anteriormente me incomodé ante el estilo exaltado. Ahora confirmo que es el correcto. Será importante que esta serie de escritos venga cargada con las sensaciones que trae consigo y evitar ponerse aparentemente frío. Resulta que es vital transmitir esta sensación, que se opone, aunque por momentos parezca confundirse, con la exaltación y coraje de quienes esperaban resultados milagrosos para revertir las tendencias que hasta ahora continúan confirmando el triunfo de Nieto.

Cuando leo en las redes sociales las críticas de quienes no votaron por el PRI, la mayoría simpatizantes del PRD o, más exactamente de Andrés López Obrador, intento comprender esa frustración que se siente cuando pierdes. Decir: la democracia es el camino más pacífico para elegir gobernantes no está desprovisto de verdad. No asegura que no haya inconformidad, solo indica que es el más pacífico.

Es comprensible que se sienta desilusión porque, en efecto, se depositan las esperanzas y las expectativas, muchas de ellas poco realistas pero sinceras, y que desaparecen de un día para otro. Pero así es esto y tiene uno que aprender a reflexionar sobre ello no ha continuar denostando. No sirve de nada la queja encuerada, no reparará el daño. Al contrario, incluso ayuda a quienes detentan el poder: desahógate, han de decir.  Tenemos que aprender a ir un paso más allá: de la crítica a la reflexión y luego la acción.

Y es que se nos va el aliento en aquello que esperamos de unas elecciones y sobre todo de un mortal que de pronto se ungirá como la persona más poderosa de un país; pero aún no llegamos a entender que, los partidos todos nos manipulan. Lo decimos, en las sobremesas siempre alguien sale con “todo es un engaño”, “son todos lo mismo” y a pesar de ello la defensa que cada uno hace de su voto es sorprendente.

Sabemos que nos engañan, sabemos que nos engañaron de nuevo, lo sentimos.

Afirmamos que todos los partidos son iguales, que todos roban, y sin embargo, defendemos nuestro voto como un perro.

No es ilógico: se trata de una decisión. Se trata de tu concepto de un México futuro. Se trata de tu evaluación presente. Se pone en juego tu agudeza para desmenuzar el intrigulis de un país. Hablar de política da estatus, efímero o no, otorga cierta autoridad momentánea. Pero también expone tu grado de inteligencia. Todos hablamos de política, todos somos especialistas, todos afirmamos y estamos seguros de poseer  la verdadera historia.

Porque siempre de los siempres alrededor de los comicios aparecen aquí y acullá historias de fantasmas, juramentos diabólicos, sectas impermeables, profesías nostradámicas. Rumores que la misma cultura genera, murmuraciones que pasan de boca en boca. Siempre me he preguntado quién será el primero, la primer persona que genera un rumor y cómo este se va transmitiendo de rostro a rostro, de palabra a palabra más rápido que la luz.

Como las ideas, que las pueden generar varias personas en distintos lugares y sin tener una conexión entre ellos. Ideas espontáneas que  dudo mucho tengan efecto cuando son fabricadas (lo vimos también en estas jornadas cuando de pronto apareció un grupúsculo que clamaba la traición de los 132, un grupito que se hizo llamar, exageradamente similar a programas de Televisa, Generación Mx o algo así). Dentro de las redes sociales pasaron episodios similares y, jamás existirán datos duros de los que muchos de ustedes penden, pero se “podía oler” cuales eran más o menos “reales” y cuales eran un invento de los ejércitos de uno u otros bandos.

Sabemos que es un engaño el teatro de los partidos políticos. Sabemos que la televisión tiene el poder quasi absoluto para inocular a las personas que no han tenido oportunidad de tener estudios superiores, sabemos que “se ponen de acuerdo” y nos sentimos humillados por los resultados que atestiguamos. ¿Cómo está eso?

Sin restarle la significativa importancia que tuvo en estos comicios la aparición de los 132 (aire fresco entre toda esta contaminación de información) me parece que comienzan a mimetizarse con el Sistema (esa maquina inimaginable, oculta dentro de una montaña apartada o enterrada en el centro de la Tierra) un sistema que en nuestro tiempo te permite quejarte.

Quejarte en cierto sentido ayuda a quien está en el poder, como dijimos ya e insistiremos. Es como abrir una válvula de escape. Es liberar la presión en la olla.

Pero, si todos sabemos que así se conducen los políticos y sus partidos, si lo hemos confirmado una y otra vez, ¿por qué la sorpresa? Todos usan las mismas reglas, todos incluso las aprobaron. Y todos juegan sucio también, aquí y en China (bueno, en China ni oportunidad tienen).

Todos seguimos el juego.

La compra y coacción del voto es una costumbre tan arraigada en los partidos políticos que casi parece irrisorio que ahora todos brinquemos y nos indignemos por esas prácticas. Incluso las asociaciones civiles, que hacen una loable y necesaria labor, han pasado por alto eso. Pareciera que todos esperan únicamente para reaccionar, para quejarse. Los partidos políticos nunca harán nada al respecto por obvias razones. Las asociaciones civiles operan aún en un tiempo remoto, anticuado, aunque sus intensiones son buenas y los datos que recaban son muy útiles. Entonces, ¿cómo comenzar a cortar esa siembra? Porque a la mayoría de las personas las mueve el tener dinero, y viendo lo que está pasando con los carteles, no importando qué se tenga qué hacer. El problema es más profundo que unas elecciones.

(continuará)

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