El Señor Presidente

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Enrique Peña Nieto, el Señor Presidente

Sergio Aguayo, en su columna del 2 de mayo de 2012 titulada “¿Quíen es EPN?” escribe ciertas frases que concuerdan con los signos de personalidad que hemos esbozado: “Peña Nieto aceptó salir de su burbuja”, anota que el virtual presidente puede sobrellevar respuestas con generalidades pero muestra deficiencia cuando se trata de los detalles. Es sorprendente como quienes le rodean e incluso no pocos interlocutores responden al lenguaje que los coloca de inmediato en una posición servil, típica de la atmósfera que expele el Pri desde su nacimiento. Aguayo apunta, “pudo apreciarse una vision jerárquica de la relación gobernante-ciudadano, las 19 preguntas (había aceptado presentarse a un foro público) de las planteadas fueron formuladas en un respetuoso “usted”, el respondió con el “tuteo”, forma que denota falta de cortesía y respeto, en cierto sentido de superioridad, como se decía en el viejo regimen, “la forma es fondo”.

Lo que es de notar aquí es como los receptores, los interlocutores del sr. Nieto, casi automáticamente se hincan con sus palabras. No se dirigen a él de tú, como él hizo con ellos, todo lo contrario, presentan una actitud agachona y tal vez temerosa. Otro rasgo netamente Priista. Estar frente a un priista provoca más temor que respeto.

Aguayo señala que en ese encuentro se notó su “obvia maña de capotear lo incómodo y refugiarse en generalidades que siempre jalaba al terreno personal: se presentó como experimentado y cumplidor porque se compromete ante notario (calló cuando le preguntaron si esto lo obligaba legalmente). Presentarse como hacedor de milagros resuena entre las multitudes que añoran al “Señor Presidente” que todo lo sabe y todo lo resuelve.”

Aunque Aguayo se centra en cómo se presentó Enrique Peña Nieto, lo que a mí me asombró fue la respuesta de la gente. Si el Pri está de nuevo en la Silla es porque ha respondido, nos guste o no, a una mayoría que, como con precisión escribe Aguayo, añora al Señor Presidente. Al pueblo lo que pida.

Los partidos políticos opuestos, los “especialistas”, los “expertos”, los que se oponen a todo lo que huela a Pri con todas sus entrañas, debido supongo al enervamiento, se les olvida que la mayor parte de la población mexicana, en efecto, añora al Pri. Lo añora porque representa al Tata, al padre. En infinidad de poblados es aún costumbre besar la mano del padre, hablarle de usted, es impensable rebatirle un designio. El tráfico de mujeres ha dejado pasar esta particularidad vital: en la mayoría de los casos, el padre de familia es quien ofrece a las hijas por unos pesos. Es una acción cultural. Con cultural me refiero a que es parte de su arraigo, no tienen la “conciencia” de que estén cometiendo un delito o una atrocidad. Simplemente así son las cosas cuando no se tienen recursos. No vayamos muy lejos: la llamada tradición de la fiesta de XV años, aquella que “presenta en sociedad” a las chamacas proviene de un acto que subrepticiamente era de venta: se expone a la flor al mejor postor. ¿No hay acaso una frase popular que se toma a guaza que reza “así sí baila “mija” con el señor?

El Pri prevalece porque ha sido el único que ha absorbido la tradición mexicana a tal grado que parecen inseparables. Los otros partidos en su visceral oposición han dejado pasar por alto el rasgo cultural, histórico que detenta el Pri desde que nació.

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