Batman o el dilema de no salir de la oscuridad encerrada

Una vez vista “El caballero de la oscuridad asciende” complemento ideas. (nota: preferible leer este texto habiendo visto la película.  O si no te importa leer una de las revelaciones de la historia.)

 

Sin duda la mejor de la trilogía. Si continúo la línea de reflexión que comencé en el texto anterior puedo afirmar que, tomando como referente el anquilosamiento y confusión de significados por la que atraviesa nuestra época llamada Postmodernismo (término provisional mientras alguien en el futuro le da su nombre correcto), confirmamos que aquí vemos a un héroe simbólico pero no un símbolo de heroísmo.

Nolan nos presenta a un Bruce Wayne que de plano no se haya en ninguna parte y que tampoco tiene ninguna pasión o anhelo: simplemente se deja llevar por una desidia incomprensible. Incomprensible porque no siento que Nolan nos otorgue elementos suficientes para identificarnos con Bruce Wayne o con Batman.

Wayne, se nos dice, se aleja de la lucha contra el crimen porque se siente culpable por la muerte de un político (se narra en la película anterior, donde por cierto no se le ve ningún asomo de arrepentimiento, primero porque ese político se torna otro villano, Dos caras) y porque también por la muerte de su novia (también hay que anotar que en la película anterior tampoco sentimos que le dé el más mínimo remordimiento, incluso podríamos pensar que no tenía ningún sentimiento hacia ella, ni siquiera carnal. El Batman se mantiene impávido, seco, inanimado, rígido.) Bueno, pues esto desconcierta porque si se siente muy culpable y su naturaleza está embebida de coraje ¿no un hombre con la capacidad económica y preparación para tal efecto se dedicaría a vengar una muerte dolorosa? ¿Por qué deja de luchar? No queda muy claro, o es apabullantemente diáfano: Bruce Wayne no tiene ningún interés en la vida. En esta tercera entrega llega a insinuar que podría pagar para que lo mataran. En otra escena le pregunta a Bane, “¿Por qué no mejor me matas de una vez?” Bane le responde, “tú le das la bienvenida a la muerte, tu castigo merece ser más severo”. Como si Batman no tuviese en realidad ninguna misión. También hay que anotar que en la película se habla de que la ciudad está en paz, que ya no es “tiempo de guerra”, y que se había eliminado al Crimen Organizado. El dolor de Wayne no es la lucha o no por la justicia: tendria que venir de más dentro.

Si a Bruce Wayne no le produce ningún placer su vida como millonario y playboy, si no le es catártico ponerse una armadura para convertirse en el Batman, ¿cuáles son los motivos que lo empujan a actuar? Suponemos, con un poco de esfuerzo, que simplemente Batman es otro juguete de un niño rico que se cansó de jugar. Por supuesto que hay un trasfondo, debe existir algún dolor, pero en la película no nos queda claro cuál es.

Estoy seguro que para el público en general (no para el especializado en cómics que urde subtramas más atrevidas y complejas que mi sencilla exposición) Batman sale a luchar por la justicia porque es Batman y porque Bane está a punto de volar en pedazos ciudad Gótica. Si así fuese, Batman no lo hubiese pensado ni dos veces. Al contrario, se mantiene pasivo. Como Wayne es pasivo: pide, recibe, le dan, se queda quieto. Como Batman es activo: da, ordena, se mueve.

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Yo tengo para mí que (como escribí en el capítulo anterior) la lucha de Batman vs. Bane es una cuestión de egos, de confirmar quién es el macho Alfa.

Curiosamente aparecen de nuevo ciertos rasgos de homosexualidad. Digo rasgos no que lo sea. Dicho sea de paso son episodios  de duda que casi todo hombre atraviesa pero ninguno se atreve a aceptar. Pareciera que el problema central de Bruce Wayne es decidir si es homosexual o no. Y a partir de ahí “disfrutar” de vestirse y ser un héroe, hacer el espectáculo, crear el show. Postmodernismo: confusión de signos y señales, valores trastocados, oscuridad, bruma. En el Postmodernismo no hay “nada claro”, se puede ser una u otra cosa, o ambas, o ninguna; pero siempre oscilante, divagante. El Postmodernismo se distingue por su carácter elusivo, vago, inconsistente.

Anne Hathaway sale descomunalmente sensual, sexual e inteligentísima, la mejor Gatubela que se ha proyectado en la pantalla. Aquí Nolan creó un personaje casi perfecto: como villana, no villana, como mujer sexy, y como mujer a secas.

A Wayne se le presenta una mujer que raya en lo fascinante y a penas parecer moverle algo. Y pareciera que en la conclusión él opta por quedarse con ella porque esa mujer es en muchos aspectos más hombre que él: equilibrio. Él puede adormilar la decisión de su preferencia sexual o puede comprobar que ella es su equilibrio y que es un hombre heterosexual que había atravesado por un momento de indecisión. Su crisis de los cuarenta los vive a los cincuenta (edad que se supone tiene Bruce Wayne en esta película). El descubrimiento de Robin es sorprendente y podría confirmar nuestras afirmaciones.

No insisto en este tema de manera gratuita, es que en toda la trilogía tanto Bruce Wayne como Batman muestran una indiferencia con sus sentimientos que no es creíble: parece que finge, que se esfuerza demasiado en ocultarlo. El hombre maduro y exitoso que tiene que ponerse el cascarón de mujeriego, gastar sus millones y representar una comedia que oculte su verdadero yo, porque ni siquiera como Batman se siente completo; solo al inicio, como una novedad.

Cuando tenemos dentro de nosotros una herida de Ser indefinible o que no queremos afrontar tendemos los seres humanos a volcarnos casi con exageración en actos extremos o de dedicación extrema: gente que se dedica frenéticamente a comer carbohidratos para obtener una pasajera gratificación, la gente que se dedica casi obsesivamente a cultivar su físico, o quienes gastan y gastan en fruslerías, se endeudan y continúan sin parar. Las drogas de nuestro tiempo.

Así, el Bruce Wayne de Nolan ni siquiera valora o disfruta ser Batman. No disfruta maltratando gente, ya no le ve objeto. Probablemente porque en esto sí se siente culpable, porque él es tan avivador del fuego como los llamados criminales. Él mismo es perseguido por ser un supuesto criminal.

Esto nos revela a un ser humano que, como todo héroe, es “bueno”.

Su oscuridad es una cortina de humo. Se esconde en la oscuridad, en el closet inmenso de la noche porque no sabe quién es.

Este Batman no es precisamente culto ni, como dijimos en el texto anterior, estratega. No es tonto, es inteligente, pero no tiene o muestra un don que exceda la normalidad.  Se nos muestra que es tan bueno para las artes marciales como Bane, pero nada más allá.

Me refiero a ese más allá que bordea lo sobrehumano. Así, podríamos decir que el mismo Wayne tiene razón cuando nos dice una y otra vez que “cualquiera puede ser un héroe”. Y que Nolan quiso mostrar un Batman “más real”. Y lo consiguió. En este tiempo incluso está en entredicho el concepto de heroísmo. Y al afirmar el propio Batman que cualquiera puede serlo, no lo dice con convicción sino con desprecio…con displicencia, está diciendo que él menos que nadie es un héroe. Está siendo sincero.

Sabe usar sus artefactos militares porque no es estúpido, pero tampoco los diseña él (al contrario de Tony Stark): a él, como buen niño mimado de dinero le siguen dando todo en las manos.

Los personajes que encarnan con maestría Morgan Freeman y Michael Caine, actúan, más que como empleados, como figuras paternas que en su interrelación también pareciera que “saben” que Bruce no es un hombre “normal”.  Wayne “sale” con mujeres pero vive con hombres. Ambos le hacen elogios cuando lo ven ya sea con una u otra chica. Alfred querría alentarlo a guardar las apariencias solo en el ámbito de la realidad de Bruce Wayne: que se case, que tenga hijos (algo que jamás sucederá o será duradero) pero que abandone “al Batman”. Advertimos que incluso Alfred no le tiene ningún “afecto” al disfraz. Para Alfred, Bruce tiene que ser como ha sido toda la familia Wayne: tiene que jugar su papel como gente adinerada y noble, tiene que jugar su papel en la sociedad como altruista y continuar con los negocios. Y ocultar sus más intimos temores…que son sus más imbatibles deseos. Por ello, para Alfred “El Batman” es escandaloso.

En cambio el personaje de Freeman, Fox, pareciera que lo alienta a abrazar el lado oscuro: si apareciesen subtítulos de subtexto Fox le diría a Wayne: “¿qué tiene que seas gay o bisexual? Tan solo sal ya. O sé consciente de ello, ocúltate tras la máscara y disfruta de tus juguetes. Es una etapa, pasará.”

Fox es un hombre mayor que goza construyendo juguetes diseñados para matar.

Bruce Wayne tiene 50 años de edad en la película pero continúa siendo un adolescente: aún no se define.

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Selina (Anne Hathaway) y Miranda (Marion Cotillard) son mujeres no solo hermosas sino poderosas, crueles y devastadoras. Son muy mujeres. Y esto hay que agradecerle miles de veces a Nolan: no nos presenta a mujeres marimachas, en el extremo de esta ola de superioridad femenina que estamos viviendo y sufriendo (con sus razones justificables y comprensibles). Al contrario, nos muestra a mujeres muy mujeres y con los conflictos de toda mujer que a los hombres nos vuelven locos para bien y para mal: son indecisas, hacen daño “sin darse cuenta”, emplean sus técnicas seductoras para obtener lo que quieren, disfrutan de tener ejércitos de hombres que caen por ellas, son vanidosas, saben aparentar, son geniales.

El papel de Hathaway y su actuación es quizá de lo más significativo de toda esta serie y quizá es la más compleja y sobresaliente actuación de la actriz. Por fin, podemos reconocerla no solo como una mujer con gran carisma y una belleza increíble, sino como una muy buena actriz.

The Dark Knight Rises es probablemente una de las mejores exposiciones del Posmodernismo que se haya visto en cine, incluso incluyendo el hecho de que Nolan jamás la haya vislumbrado como yo la interpreto. Es parte de la Posmodernidad.

(continuará)

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