Las flechas que no entran o cómo eliminar la “mentalidad del mexicano”

Actitud, instrucción, resultados: la eterna búsqueda de la mentalidad deportiva vs la del mexicano

Ayer 29 de julio, el trío de competidoras mexicanas en la disciplina de Tiro con arco fueron eliminadas. Es notable el aprendizaje que tienen en cuanto a las formas de lenguaje usadas en principio por los comentaristas de los noticieros de los medios de información y que son su única herramienta de comunicación hacia el exterior, hacia el público. Al frente de los micrófonos y con el fin de recoger sus impresiones luego de fracasar en la competencia, se expresaron de la siguiente manera[1]: “Nos faltó manejar los cambios de la lluvia que a veces era más fuerte, pero no importa, no pasa nada.” “Simplemente no entraron las flechas, las apuntamos bien pero no entraron.”, “quedamos bien, un poquito abajo pero son Juegos Olímpicos, no esperábamos ni más ni menos”.

Una de ellas dijo que la eliminación del equipo no deternima el talento de las participantes” Entonces, ¿cuál es el objetivo de competir si no es medir quién es el mejor y por ende, más talentoso? No escribo sus nombres porque mi reflexión no intenta criticar a las competidoras sino el nulo interés que tienen las personas que respaldan a estos deportistas por conocer los mecanismos con que trabaja la publicidad y los medios de información. Ante un fracaso que además es presenciado por tus compatriotas es lógico sentirse mal, pero profundicemos:

Las declaraciones de las chicas se tornan escandalosas, toman un cariz sorprendente cuando son reproducidas en la televisión, la radio, la internet y medios impresos.

Pero también reflejan una realidad: una mentalidad deportiva de la que adolecen los participantes de nuestro país. Esa mentalidad, que no logramos poseer, de la que tanto hablan los comentaristas deportivos, entrenadores, y ejecutivos. La mentalidad exitosa, que se enfrenta contra el muro de la “mentalidad del mexicano”. Parece hasta ahora imposible de modificar, yo creo que no lo es. Hace falta darnos cuenta, evitar que nos sulfuremos, no arrojarnos con la bandera envuelta y mejor trabajar en ello. Es un trabajo que tendría que volverse hábito, que tiene que sentirse y vivirse, reaprenderse, desde el hogar, las escuelas, las secundarias, las preparatorias, las universidades, en el ambiente laboral…y en los medios de información.

En efecto, al escuchar, ver o leer las declaraciones de estas jovencitas se puede interpretar que carecieron de una buena instrucción de espíritu deportivo, pues sus respuestas reflejan su entendible desilusión pero no su profesionalismo. Más que comentarios fueron justificaciones.

Es obvio que estaban molestas, pero no debe responderse así frente a los medios. Aquí tenemos que dividir en dos vertientes nuestra reflexión que tiene que ver con:

1)   los mexicanos, su historia, su esencia (si la hay) y

2)   los medios de información masiva.

Las declaraciones de estas competidoras podrían transportarse a cualquier otra disciplina en la que un mexicano pierde. Siempre han sido ese tipo de respuestas. Estas denotan desilusión, frustración. Se asoman rasgos de personalidades con complejo de inferioridad, el típico “ya ni modo”, “se hizo lo que se pudo”.

Siempre respondemos (para no excluirme como mexicano) con un rosario de justificaciones. Que si el viento, que si el árbitro, no tuvimos suerte.

Es verdaderamente asombroso que se declare, “apuntamos bien pero no entraron las flechas” . ¿Entonces todo depende del azar? ¿Todo responde a designios sobrehumanos? Y si es así, ¿qué hacemos o dejamos de hacer los mexicanos que nunca lo logramos?  Los logros, los vemos como excepciones y estamos conformes con ello. Aunque desde dentro sintamos coraje o envidia hacia el mexicano o mexicana tenga un éxito de gran magnitud.

Los atletas mexicanos (con sus contadas excepciones, curiosamente de quienes desempeñan su labor solos y no en equipo) reflejan lo que somos los mexicanos  y este es el alimento que nos dan los medios de información a diario, a cada hora, en estos eventos y en noticieros, programas cómicos, dramas y programas de análisis. Con ello nos educan. Los medios de información forman parte ineludible de la educación de la población. Y es claro que no educar también es educar. Los comentarios de los llamados especialistas de deportes están plagados de frases como: “penosamente”, “desafortunadamente”, “así es el futbol”, “así es el deporte”, “no se les da el apoyo económico”, “dieron el corazón”, “debieron haber ganado”, “no se nos dio el triunfo”, por mencionar unas pocas. Ahora imaginen estas frases en cada noticia y todos los días de los 365 años, ¿afecta o no?

Estamos de acuerdo en que los mexicanos no tenemos una  “mentalidad” competitiva (palabra que ha ayudado a confundir su significado entre esta y la otra acepción que es eminentemente término económico. Vamos, que cuando los medios nos presentan a alguien que habla sobre lo bueno que es tener un país más “competitivo”, para la población en general el significado es muy distinto del término económico, muy cuestionable y hasta peligroso), la mentalidad del “ya merito”, “no tuvimos suerte”, “no se nos dio”, “hicimos nuestro mejor esfuerzo”, “estuvimos bien porque mejoramos nuestras propias marcas”, “es un aprendizaje” solo nos mantiene en el nivel conformista que es parte de nosotros, erradicarla pareciera casi dejar de ser mexicano.

Entonces los mexicanos no somos constructores de nuestro destino, siempre son fuerzas externas las que nos llevan y traen.

Estas chicas arqueras, todo el equipo olímpico, todo deportista de cualquier disciplina, deben de tener una asesoría en tanto medios de información para saber qué responder en cualquier situación previsible. Pero los medios de información, sus comentaristas, expertos, colaboradores; y más profundo aún, en las escuelas y en el hogar, debemos de desterrar ese tipo de respuestas, de justificaciones y de pensamientos de nuestro sistema de racionamiento. No propongo que se ignore la realidad, este sí, deporte nacional que practicamos con talento excepcional, propongo que nos demos cuenta de que en cada palabra estamos reflejando quienes somos pues estamos “sacando” lo que pensamos, y esta es la manera en que el mundo nos ve. Si no concientizamos esto no podremos crecer. Sí tener el lugar y espacio para evaluar fríamente los errores y en verdad trabajar por corregirlos. Privilegiar el conocimiento y la disciplina sobre el azar y las creencias religiosas como justificantes de un desempeño humano.

Estas actitudes son muy a la mexicana; tiene su porción, digamos, positiva y su porción negativa. Debemos equilibrar la balanza.

Aparte está la discusión del entrenamiento mental que reciben los atletas porque, poniendo el ejemplo de las arqueras fracasadas, ¿qué su entrenador no les puso pruebas pensando en el peor de los escenarios? ¿qué ignoraba que en Inglaterra llueve constantemente?… continuar por aquí es ocioso. Queda siempre esa sensación de que las personas detrás de los equipos no son lo suficientemente capaces o no tienen, a su vez, el respaldo que requieren. Pero esto no puede ser excusa para responder así: la justificación de la justificación. Esto lo veo equivalente a esa frase popular que reza, “la ropa sucia se lava en casa”. Y si, siendo realistas, sabían que las probabilidades de ganar una medalla eran remotas, entonces ¿por qué las lágrimas?

Porque los mexicanos continuamos dependiendo de la mano divina, del azar, de lo inefable, que venga a salvarnos. No triunfamos nosotros, los mexicanos triunfan porque Dios así lo quiso. Durante la transmisión televisiva, en el canal 7, uno de los comentaristas, mientras veíamos a la arquera china concentrarse, respirar pausadamente y tensar el arco, pedía, “que nos regale algo la china”, en otras palabras, le pedía a los cielos que fallara la contrincante para que entonces las mexicanas pasaran a la siguiente ronda. Esto lo oigo religiosamente en todo deporte y actividad donde participan mexicanos, sobre todo en el futbol: “buenas noticias, el delantero Fulano, que era el peligro mayor, está lesionado”, “que fallen el penal”…nuestros triunfos dependen de que el otro, el superior, falle. ¿Es esa la actitud a enseñar a tus hijos? ¿Dónde quedó ese espíritu deportivo en el cual celebrabas si tu oponente te ganaba con talento y capacidad, “a la buena”? Porque se supone que se trata de un enfrentamiento con reglas aceptadas entre dos similares, entre dos que tienen iguales poderes, iguales posibilidades de ganar. Esa “mentalidad” no existe entre los mexicanos.

El poseer esa parte humilde y humana (si se quiere) que es la religiosidad o la espiritualidad es algo loable, incluso necesario. Pero se nos pasan las cucharadas. Le echamos más azúcar de un misticismo que de suyo también es bastante discutible (catolicismo que no es llevado como tal, combinado con magias blancas, negras, un poco de budismo, otro de astrología, etc,) y poca proteína de conocimientos concretos, pensamiento, disciplina, instrucción.

Si tú te preparaste, si en los entrenamientos le diste al centro y las flechas entraron, si tomaste en cuenta los pros y contras, si conoces tus fortalezas y debilidades es claro, es contundente, es indiscutible el resultado que esperas recibir. No hay lágrimas, hay realidad, hay carácter. Aquí podemos señalar como excepción el ejemplo que da el atleta Lino Montes: el joven pesista se encuentra entre los diez mejores del mundo; nunca dejó de sonreir, se le veía contento, seguro, disfrutando de lo que estaba haciendo. Cuando respondió, sus declaraciones fueron diáfanas, realistas, y en ningún momento hubo un guiño de frustración, de desilusión: sabía a lo que iba, sabía de sus posibilidades reales. Pero además, se esforzó al máximo: nunca se rindió.  De aquí rescato algo que declaró una de las chicas arqueras, “al final son los Juegos Olímpicos”, su tono, su actitud denotaba “valemadrísmo” (parte de la “mentalidad del mexicano”, un enojo derrotista, la esperada reacción), como si el hecho de estar ahí no tuviera importancia. En cambio Lino Montes lo vivió como lo más significativo de su vida y ¡lo disfrutó! Precisamente porque son los Juegos Olímpicos, porque esas competencias, se supone, no son de profesionales, no son de “personas que trabajan ganándose la vida” en ello. Son de jóvenes que anhelan dedicarse a ello, vivir de ello, si es posible; pero que antes que nada aman el deporte que practican. Habiendo escrito esto me veo muy inocente. Pero así era, ese era el espíritu. ¿Entonces cuál es el verdadero espíritu que emana de los competidores mexicanos? Si las Olimpiadas “no son importantes”, si ganar no sirve para demostar quién es mejor, si se fracasa y no se demuestra ser un gran competidor que perdió, ¿a qué van? ¿dónde está esa “pasión” de la que tanto vociferan los medios de información? La de Lino es la excepción de la regla, la que se puede constatar en una Paola Espinosa, en Javier Hernández,  o en Hugo Sánchez, Ana Gabriela Guevara y en varios boxeadores.  Qué diferencia de actitud. Y es también mexicano. Por cierto, Lino Montes es uno de tantos millones que tenía que vender paletas de hielo para ayudar a su familia, durmiendo en una casa de techo de paja y piso de tierra en el pueblo de Becanchén. Y aún no tiene resuelto su futuro, continúa esforzándose. No quiero hacer tampoco la apología sentimental. Solo quiero presentar un panorama que no se cargue a los extremos. No estoy diciendo que todos los mexicanos somos iguales pero sí nos recargamos hacia un lado pasivo y de poca competencia. Es claro que historias como la de Lino las vemos como un excepción que al momento de conocerlas nos conmueve, nos provoca comentarios exaltados sobre lo que podemos lograr los mexicanos, pero que de inmediato se evaporan en el aire de este gran país. Una nota: un pesista o una clavadista no se enfrenta físicamente a sus competidores,  en realidad está compitiendo, en primer lugar, contra sí mismo.

Tenemos que aceptar que no nos gusta triunfar. Algo dentro de nuestro carácter como mexicanos, algo en nuestra esencia, si es que tenemos una, algo en nuestra genética, si es que es un factor determinante, algo en nuestra cultura, aquí sí algo palpable pues todos lo podemos comprobar día a día, algo hace que parezca que nos gusta ser conformistas, que preferimos quedarnos atrás. Como si no mereciéramos la Gloria.

Los mexicanos no buscamos la gloria, no somos gente que sea tendiente a luchar, o a hacer guerras, no somos un pueblo de conquistadores (sí, los Aztecas, pero ellos no son nosotros. Los mexicanos somos la mezcla entre los pueblos pre hispánicos y los hispánicos, nos guste o no…¿y luego? De eso se trata estos escritos).

Continuamos ofreciéndonos servilmente ante todo lo extranjero. Nuestra actitud es totalmente distinta frente a otro mexicano que frente a alguien nacido en otro país.

No tiene nada malo admirar otras culturas, ser amable, ser hospitalario. Lo que sucede es que nosotros no somos serviciales, somos serviles. Contar con amigos extranjeros nos confiere un aire de superioridad que también es comprensible pero que a veces es extralimitado.

Unos porque son franceses o alemanes, otros porque son norteamericanos, a veces porque los vemos “güeritos”…¿pero por qué tenemos esa misma actitud frente a un chino, un coreano, un japonés? ¿Por qué vienen de países desarrollados?

Si son cubanos, panameños, nicaraguenses, peruanos los vemos y tratamos como semejantes; la cosa empieza a cambiar si son venezolanos. Y la cosa definitivamente pierde proporción si se trata de chilenos, argentinos o brasileños.

¿Es por el tono de piel? En el caso de los brasileños, ¿es porque los mexicanos alaban incondicionalmente a su selección de futbol? Con los españoles sucede algo muy curioso: está la parte de los mexicanos que sigue culpando a Hernán Cortés por ser quienes somos (chaparritos, feítos; una percepción por demás errada, ignorante y estúpida) y la parte de quienes son mexicanos pero, al tener una posición social más alta se “quieren sentir españoles”. Si son de tez blanca y tienen cierto status que los separa de “el pueblo”, los mexicanos se sienten españoles. No lo entiendo, pero es un rasgo palpable, pongan atención y verifíquenlo ustedes mismos. ¿Por qué ese desproporcionado apoyo a la Selección futbolera de España? Supongo que comienza con los mexicanos que ya tienen un lugar en la que llaman una de las ligas más poderosas del mundo (junto con la Inglesa y la Italiana); pero, por ejemplo, el joven llamado Chicharito ¿nos provoca volvernos fanáticos de la selección inglesa? No ha sucedido. Siguen al Manchester porque ahí juega el Chicharo. Pero con el equipo de España no podemos afirmar lo mismo. No es porque estén ahí mexicanos, no es la única razón.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s