Carmen Aristegui o Batman, la heroína que no quiere serlo

Carmen Aristegui “está ausente”

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Un par de semanas después del 1 de Julio, Carmen comenzó a ausentarse de su programa matutino de MVSNoticias. Al pasar los días sin tener noticias claras de la periodista y conductora los rumores en su cuenta de Facebook y su sitio web han empezado a crecer de manera exponencial. Yo me conté dentro de quienes preguntábamos  por su paradero sin recibir respuesta ni de parte del equipo que controla el sitio en su ausencia ni de los colaboradores que dejó encargados en la estación de radio.

A propósito o no los rumores evidenciaron, para mí, varias certezas que lindan en lo novelesco pero que no carecen de fundamentos reales:

Carmen Aristegui no es solo una gran periodista (una de las mejores del mundo, sin temor a sonar exagerado) sino que, por lo menos hasta no saber “cómo vuelve” de su polémica ausencia, ha alcanzado ya el estatus de heroína con ese halo que solo puedo comparar ahora con Batman (y no lo digo de relajo).

Carmen está presente para su audiencia en su programa de radio. Puede uno escucharla o también verla a través de internet y los canales de MVS. En una cabina de radio sin mayor chiste, un mesa rodeada de varias sillas. Ahí se apersona Carmen Aristegui, fuera de ello, de alguna presentación esporádica de un libro suyo, el único vínculo que tiene el público con ella es ese.

Pero, al parecer, su estatura de heroína se ha ido cultivando más en su ausencia que en su presencia. En las últimas manifestaciones de alguno de los varios grupos que se llaman 132, se corea su voz, se clama “Carmen, Carmen, Carmen” o “A-ris-te-gui-A-ris-te-gui”. Podemos afirmar que nunca emite opiniones fuera de las fronteras de su cabina de transmisión, casi nunca se presenta en eventos públicos, nunca ha hecho clara su posición ideológica (aunque se nota a leguas). Alguna vez envió un par de tuits cuando abrió la cuenta que tiene que ver con su sitio de noticias web AristeguiOnline, de ahí en fuera, jamás ha utilizado el twitter, jamás a escrito una línea en su sitio de internet.

Esta ausencia presente es uno de los ingredientes que crean, en la realidad o mediáticamente (o en el artificio) un mito.

Alguien siembra la semilla pero los creyentes alimentan el mito

Sus seguidores están desconcertados de no escucharla, inundan su página electrónica con preguntas, exigencias, ruegos, peticiones y especulaciones: alimentan el mito.

Esta inquietud no carece de argumentos: al ser Aristegui la periodista (la única que desde un medio masivo enfrenta también a sus colegas en empresas como Televisa/TvAzteca, canal40 e incluso el mismo MVS) que ha descubierto la trama de corrupción imperante en nuestro país, observando, monitoreando, casi persiguiendo, con particular énfasis al gobierno panista y al PRI, conocidas las amenazas de muerte que han recibido innumerables periodistas, la mayoría de ellos sin vida ya, es lógico y natural que sus seguidores sientan un temor legítimo y real por la vida de la periodista.

Pero ella no responde. No manda mensajes. No dice nada.

Luego de la presión que ejercieron los seguidores en las redes sociales, hace un par de días (escribo esto el 4 de agosto del 2012) el equipo que dejó leyendo notas en su programa dedicó unos segundos a aclarar, de un modo muy diplómatico y cortés, que Carmen aprovechaba estas vacaciones escolares para darse un merecido descanso y compartirlo con su familia. La justificación es creíble, es comprensible y en efecto muy merecida.

Pero los rumores no se acallan. Su ausencia coincide con una demanda que ella interpuso ante el IFE para que se eliminará un fragmento de un spot producido por el Movimiento Progresista, en donde se usa un fragmento de una nota leída por la periodista. Y coincide también con un premio que se le ha otorgado en Francia. De lo poco que su misma página ha informado, se dice que para recibir el premio requiere la aprobación del gobierno mexicano. Ni Carmen ni su equipo han informado clara y puntualmente si esto es cierto, si es un requisito de parte del gobierno que entrega el premio o del gobierno del país donde reside el o la premiada. No se informa sobre cuándo lo recibirá, ni si involucra algún tipo de ceremonia que requiera ensayos previos (como el caso del Nobel, por ejemplo). Es notorio y ha llegado a ser molesto que Carmen Aristegui, periodista, considerada la mejor, y su equipo no den los detalles que, justamente, merece saber el público. Yo lo atribuyo a la reticencia o ¿humildad? con que Carmen enfrenta la recepción de un premio y “prefiere no hablar de ello” como si no lo mereciese. Un acto de humildad que puede ser real pero que ha chocado con su imagen como informadora. Es un contrasentido porque bien puede aclarar al público sus temores, su timidez, su agradecimiento, alrededor del otorgamiento de este premio y no hacerlo de manera tan rápida que a nadie le ha quedado claro, sin ninguna nota en su propia página de internet, sin ninguna, seamos francos, consideración a la gente.

Y no solo se juntan estos eventos sino también la reciente renuncia a la empresa MVSNoticias de John Ackermann, colaborador en el espacio del periodista José Cárdenas. Algunos fragmentos:

“…he tomado la decisión de presentar mi renuncia a la colaboración semanal que cada lunes, desde el 9 de mayo de 2011, había venido sostenido en la Segunda Emisión de MVS noticias en la frecuencia modulada de 102.5.

… Hoy…me veo obligado a renunciar para no ser cómplice del silencio y la manipulación mediática promovida por el equipo de Enrique Peña Nieto.

¿Por qué inmediatamente después de la celebración de la elección presidencial MVS sorpresivamente decide suspender las colaboraciones de alguien como un servidor, cuya especialidad es precisamente el derecho electoral y quien recientemente publicó un extenso estudio sobre los criterios de nulidad de elección del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación?

Lo más lamentable de toda esta situación es que al indagar más al respecto, he llegado a descubrir que la suspensión de la transmisión de mis colaboraciones no fue una decisión unilateral por parte de la empresa que usted preside para “quedar bien” con quien ya se ostenta como “presidente-electo”, sino una obediente respuesta a una solicitud explícita formulada por personas cercanas al equipo de Peña Nieto.

Luis Cárdenas ha ofrecido seguir pagándome por mis “colaboraciones” aun cuando estas no salgan al aire, pero eso equivale a vender mi silencio y ello es algo que simplemente no entra en los principios éticos que rigen la conducta de un servidor. Por ello, de manera irrevocable le presento mi renuncia.

Atentamente,

Dr. John M. Ackerman

Debo confesar mi ignorancia pues, a pesar de que intento revisar los noticieros más conocidos en México, no conozco el trabajo del sr. Ackerman.

La cuestión es que algunas personas le escriben ahora a Carmen exigíendole una postura al respecto, recordándole cuando ella fue expulsada inexplicablemente de esa empresa  y como los seguidores y algunas personalidades del medio protestaron y la apoyaron a tal grado que fue restituída.

Los comentarios no tienen la cara de ser fabricados por quienes están en contra de ella, actividad que se lució durante las pasadas elecciones (ejércitos de personas reales (pagadas) y no (gusanos informáticos) que, o se dedicaban a redactar mensajes para difamar y enardecer las discusiones, o multiplicaban seguidores hasta cifras apabullantes en sus cuentas de twitter o facebook. Divide y vencerás.

El despido de Aristegui de MVS

El incidente ocurrió el 7 de febrero de 2011: MVS anuncia que Carmen Aristegui había sido despedida de MVS por haber violado el código de ética de la empresa. El comunicado de la propia empresa que la contrató hacía referencia a sus políticas de ética periodística y según los cuales decían que los rumores no constituyen información respaldada por MVS como noticias. Un texto por demás ridículo por parte de la empresa, poco creíble, para empezar porque hoy en día casi todas las emisoras de noticias no solo trabajan con rumores y fuentes no confirmadas, sino que fabrican notas de rumores.

La noticia que desencadenó el escándalo (este sí escándalo de verdad) fue una nota transmitida en el noticiero de Aristegui el 4 de febrero, dónde el diputado Gerardo Fernández Noroña colocó en la tribuna de la Cámara de Diputados una manta acusando al Presidente Felipe Calderón de alcoholismo.

Aristegui sugirió al aire que la Presidencia debía responder a la acusación, fijar su postura. Además especulaba sobre la posibilidad de que a los candidatos presidenciales fuesen sujetos o no a exámenes médicos de toda índole para comprobar si no son dependientes de ningún tipo de droga, comenzando por el alcohol. Supuestamente esto causó la inconformidad en la dirección de MVS, que por este motivo no deseó continuar su relación con la periodista.11 La leyenda urbana narra que la orden de que la periodista saliese vino de Los Pinos.

El 9 de febrero de 2011 la propia Carmen Aristegui dió una conferencia de prensa donde culpó directamente al Presidente Felipe Calderón de ordenar su despido, dijo que el propio Presidente de la empresa MVS Joaquín Vargas, estaba enterado de esta situación. Además, nada suavecita, Carmen calificó su despido como un “berrinche presidencial”12 “propio de las dictaduras”13 y que ocurrió porque no leyó una disculpa dirigida al Presidente Felipe Calderón. Se realizó una manifestacion frente a las instalaciones de MVS Radio; Aristegui regresó al noticiero de MVS el 21 de febrero.

El número de manifestantes frente a la empresa no fue apabullante pero sus efectos fueron notables. Hay que anotar que las empresas más grandes en el negocio de la información, Televisa/Tv Azteca no dieron mayor importancia a la nota, no le dedicaron editoriales como los que acostumbran con otras notas que, a su juicio, les son relevantes. Sin el alcance que tienen estas empresas, que de entrada no ven con buenos ojos las actividades de la periodista que los ha enfrentado sin pelos en la lengua por su afán de consolidar un duopolio que limita la libertad de expresión, el manejo que hacen de la información para beneficiar sus negocios además de al PRI, entre otras cuentas de un largo rosario. Con todo ello, Aristegui volvió, su programa logró mayores niveles de audiencia. Aristegui no solo es una gran periodista, sino también un muy buen producto. Un gran negocio. Pero, frente a la inminente toma de posesión del sr. Nieto, ¿cuál será la postura que adopte MVS? Si continúa Carmen Aristegui y si en efecto comienza a reinar el terror de censura que ella misma a pronosticado, junto con algunos otros periodistas y analistas políticos, ¿podrá continuar siendo “ella misma”? ¿No su teoría y su imagen podría venirse abajo sobre ella misma si “le dejan seguir”?

Me da la impresión que todos estos eventos juntos, aunado el triunfo del Pri y la encarnizada guerra en la que se embarcó Aristegui desde que Enrique Peña Nieto sonaba como el próximo presidente de México, aun antes, cuando este era gobernador del Estado de México; una lucha que ha llegado a ser intestina por parte de Carmen, la han puesto con entre la espada y la pared.

Sin demeritar la alta capacidad, el respeto y admiración que se le puede tener a alguien con esa tenacidad como la que representa Carmen Aristegui, escribo cómo la veo en tanto la figura pública que es, tomando como contexto las percepciones de que está hecho, querámoslo o no, el mundo de los medios electrónicos, el manejo de la imagen, la publicidad y el negocio de la información.

Una muy sencilla sería quedarnos con la idea de que sí, en efecto, Carmen Aristegui merecía unas vacaciones y que luego de ellas volverá con su mismo talante a señalar los errores y el monstruo de corrupción que ve en el Pri y empresas que estén aparentemente alineadas con el poder. Pero la personalidad de Carmen no nos permite quedarnos ahí.

Las leyendas urbanas se imaginan partiendo de algunos pocos ingredientes reales, pueden ser únicamente productos de la imaginación, intensiones malas o buenas se entremezclan y la alimentan, y tienen a veces mayor poder que la noticia real. Podemos afirmar que sí, que Carmen está de vacaciones. Punto. Pero eso no quita que el efecto expansivo de las percepciones siga su curso. Para Televisa/TvAzteca, prácticamente para todo medio que no sea MVS, no hay ni siquiera por qué tocar el punto. Hablar de alguien o algo es darle, obviamente, difusión, darle notoriedad. Lo menos que quieren estas empresas es darle mayor fama a Aristegui.

Pero Aristegui no solo es una gran periodista, es alguien que sabe administrar y manejar su imagen. Ella sabe que vale dinero y es lo suficientemente astuta para no permitir que otros saquen provecho de su imagen. En la entrevista, por demás reveladora y excepcional, que le hiciera el prestigiado académico Sergio Aguayo en su programa Cambio el 26 de abril del 2012 por canal 11, Carmen habla claramente sobre las acciones que ella y Javier Solórzano tenían cuando salieron de otra empresa cuando se les condicionaba su permanencia. Tenían que trabajar bajo las órdenes de Pedro Ferrriz de Con. Carmen responde, “obviamente no lo ibamos a aceptar.”

En México, la mayoria de sus seguidores los son también de Andrés Manuel López Obrador, son de izquierda. Una izquierda curiosa que analizaremos con detenimiento en varios momentos de este grupo de escritos, una izquierda enojada, contestataria, en donde es raro ver calma o reflexión. Los fans de Aristegui, supuestamente, enarbolan una actitud en contra del capitalismo y a favor de un socialismo imaginario, que tiene en sus raíces un fundamento muy noble, pero que en la práctica, hasta ahora, se ha quedado únicamente en pose. Indefinida y poco serena la masa que sigue a Aristegui ensalza ya no a una periodista que les “dice la verdad”, admiran ya no a la mujer que “lucha contra los poderes fácticos”, encumbran una figura que se parece más a la que alguna vez ostentaron un subcomandante Marcos o incluso el mismo Andrés Manuel López Obrador. Inteligencia, astucia, sabedores de la influencia que ejercen desde los medios de información, a sus filas se une ya irremediablemente para ella, Carmen Aristegui. Imagen, símbolo. También iba a escribir: Camila Vallejo. Y sí, es casi mítica, es ya una “Che Guevara” pero la aparto porque su caso, su actitud frente a los medios es muy distinta, tal vez más ecuánime, más realista. Cuando vino a México manifestó su asombro sobre cómo el movimiento 132 ataca a las empresas de medos masivos, dedicadas a la industria de la información y el entretenimiento. Lo abordaremos en su momento.

Pienso que Carmen atraviesa por un dilema que he comparado, aprovechando el estreno de la última película y los sucesos que desencadenó antes y después (y que se verá vienen a cuento con el tema de nuestro libro), el dilema de Batman.

Carmen, como Bruce Wayne, decide apartarse un tiempo del mundo contra el que ella ha luchado. Carmen lucha contra el mundo externo y contra su mundo interior en estos momentos. Especulación imaginativa, novelística, pero tiene elementos que no dudo sean ciertos. Con el tiempo se verá.

Carmen ha llegado a un punto crucial de su vida personal y sobre todo profesional. Ella ha conducido ambas con una separación tan marcada, que contradictoriamente se han acercado tanto al punto de fundirse: ¿quién es Aristegui la mujer, la madre y quién es Aristegui la periodista, la heroína?

Siento que Carmen tiene un problema con el mote de heroína, de voz de los oprimidos, que ella misma se ha esmerado (inconcientemente) en construir. Carmen la periodista ha creado a Aristegui, la heroína.

Es obvio, es evidente que ya no se le puede ver simplemente como una persona cuyo trabajo es investigar hechos para presentarlos en detalle y con la verdad que se estima es ante un público que solo busca “informarse”. Su público está comenzando a exigirle. Su público fiel, leal, se está convirtiendo en una pesada carga.

Si pudiese escuchar los pensamientos de Carmen serían tal vez, “yo no quiero ser héroe, no lo soy. Mi trabajo es ser periodista. ¿Cómo es que llegué a este punto?” Su afán imparable de se exitosa siendo profesional y fiel a sus principios y convicciones la está empezando a atormentar. Tal vez no a un nivel tan dramático como el que dibujo pero sí está evaluando sus siguientes pasos, su futuro, tomando en cuenta que ella misma también ha contribuido a crear la imagen de un monstruo inaccesible, un ser maligno, autoritario, que trae consigo el pasado intolerante que sufrío el país hace unos años. Debo decir que no coincido del todo con esa visión que se tiene de Enrique Peña Nieto, en parte porque aún no toma posesión y otras razones que iremos desmenuzando aquí. Mi aproximación es desde los mass media, desde lo que puede provocar un rumor que se multiplica por millones, las estrategias y técnicas de persuasión de las que se vale y que asombrosamente, todo mundo, fuera del ámbito publicitario, ningunea.

A su pesar, Carmen Aristegui has sido una de las más importantes moldeadoras de la imagen de un Enrique Peña Nieto que es justo la que quiere ver su público, resentido porque no obtuvo la victoria nuevamente su líder, su héroe, López Obrador, y que no tiene más remedio que continuar andando en amargura la derrota. Porque, bien a bien, no se ve por ningún lado que individualmente se quiera tomar una actitud distinta, más productiva, creativa. Los mexicanos queremos que alguien más haga el trabajo por nosotros, que alguien nos guíe, queremos un salvador, un redentor. Y si falla: lo crucificamos.

Carmen entonces está razonando:

Soy una mujer exitosa tanto como madre como profesional, económicamente no me puedo encontrar mejor, soy fiel a mis principios y convicciones, me he dedicado desde el principio en buscar la verdad y darla a conocer. Estos últimos años mi esfuerzo por enfrentarme al gobierno del Pan y al sistema priista, a su candidato Peña, y al duopolio empresarial de los medios de información, se ha tornado tan intenso que mi propia estancia en la compañía en la que trabajo pone en entre dicho mis preceptos. Yo me pongo a mí misma en entredicho: ¿en verdad soy honesta al aceptar el premio que me otorgan en Francia en el cual primeramente necesito la aprobación de mi gobierno, ese gobierno contra el cual estoy luchando, con el que no estoy de acuerdo? ¿Es honrado aceptarlo? ¿Qué hago con un público que ya no es público sino fans? ¿Qué hago con la gente que me ve como la salvadora? Yo soy antes que nada periodista. Siempre lo he sido. Y nunca he querido ser otra cosa. ¿Nunca he querido ser otra cosa? ¿De verdad? En estos momentos detesto a los seguidores ciegos. No tengo porque rendirle cuentas a nadie. Y eso no significa que no sea humana. Simplemente mi naturaleza no es esa. Me atormenta saber que estoy traicionándome a mí misma. Me atormenta estar en un límite que pueda defraudar (de manera injusta para mí y para ellos) la confianza que el público ha depositado en mí.

Yo nunca pedí llegar a esto. ¿Nunca? ¿En verdad, dentro de mí, no lo ansiaba? Reconozco que no soy la más humilde. Tengo mis episodios de soberbia, y no soy muy democrática al momento de dirigir a mi equipo, ¡es que no se puede ser democrático en esto! (hasta ahora caigo en cuenta)  Pero tampoco soy injusta. Me sé muy buena en mi trabajo, no soy una persona sentimental, soy una coraza, soy eficiente, soy exigente. Pero eso no significa que no respete a los demás.

Las circunstancias me han traído a una cima en la que no quiero estar, o no sé si deba estar. Tengo el poder de guiar a muchas personas, y no sé si lo quiero ya. No nací para ejercer esa función y sin embargo yo sola he trabajado por ello. ¿Dónde queda entonces la objetividad con que podría vislumbrar el entorno? ¿Dónde queda entonces mi independencia como periodista cuando comienzo a sentir que dependo de mis seguidores? Ahora ya no solo es decir mi verdad, aquella que investigo hasta por debajo de las piedras, ahora es cuidar lo que digo porque tengo “una imagen”, porque soy una “figura pública”, y porque “me debo a mi público”.  Se ha tornado para mí misma más peligrosa mi imagen que lo que yo soy. Yo no quiero ser héroe.

¿Es legítimo que permanezca en una empresa que a todas luces no defiende lo que yo estoy defendiendo, que podría venirse abajo si me apoyase totalmente? Ellos son una empresa. Lo comprendo. No lo juzgo. Yo no defino claramente mi posición porque perdería audiencia, pero más importante, tengo miedo de perder credibilidad. Pese que a que no tendría que ser un problema admitir mis inclinaciones ideológicas, hoy por hoy me convertiría en la comida exquisita que mis adversarios anhelan devorar. ¿Y si no pasa nada luego de eso? ¿Qué hacer? ¿Tengo que ser el adalid que apoye todas las causas injustas? Yo no quiero ser héroe, no soy héroe de nadie. Soy periodista. ¿Cómo recobrarme a mí misma?

Carmen debería admitir que en los últimos meses y sobre todo pasadas las elecciones que hasta ahora continúan dando un triunfo poco refutable al sr. Nieto, su lucha se volvió algo personal.

Por otra parte, Carmen está sola. Ahora que está ausente (qué mejor forma de decirlo “ESTÁ ausente”) su equipo muestra que son buenos operadores, que son excelentes trabajando para ella, pero que solos se ven así, solos, sin guía. En su espacio, reducido ahora en una hora y que fustiga más la hoguera de las especulaciones, las notas se tornan aburridas, sin chiste. Los contenidos de su página abordan temas y tonos más propios de Milenio o incluso de Televisa/TvAzteca, creando notas sin fundamento, sensacionalistas. Han sido pocas, se pueden contar, hasta ahora, con los dedos de una mano, pero es evidente el cambio, es notorio que “algo pasa”.

Cuando Aristegui comenzaba su escalada para encontrar razones que sustentaran un fraude sistemático (no falto de elementos de ciertos) diseñado por el Pri para ganar estas elecciones, usando, como uno de sus mecanismos, el pago por los votos mediante unas, ahora famosas, tarjetas llamadas Monex y donde también se involucró al banco HSBC, una nota me escandalizó:

En su página de internet aparecían tres fotografías: las de dos priistas, Tomás Yarrigton, Miguel Angel Osorio Chong y el tristemente célebre Zenhli Ye Gon (“copelas o cuellos”), el encabezado rezaba contundente: “los tres tienen cuentas en HSBC” Y el texto no ofrecía evidencias de que, en efecto, estuviesen conectadas entre sí, como obviamente, quería sugerir el encabezado. El texto era vago y evidenciaba que quería “provocar”, quería abonar al ambiente nebuloso que se generó a partir de esos hechos que, en efecto, eran información fidedigna de Aristegui pero que se caía cuando quería “conectarla” como quiso hacer con esta nota a la que hago referencia. Mi reacción fue de desilusión, Aristegui comenzaba a hacer uso de los métodos de presión, sí muy periodísticos pero poco éticos, que no le conocíamos antes. Fui de los pocos en reclamar una aclaración en su propia página y mediante Twitter. No pasó nada. Hasta ahora no logro dar con esa nota en su página web.

Luego, en una parte de su página en donde enumera las notas más importantes, se han colocado algunas con un tono también poco reconocible hasta ahora de uan Carmen Aristegui. Por ejemplo, sobre Chavela Vargas.

Chavela Vargas no responde a tratamiento: reporte médico

El último parte médico señala diversas complicaciones en la salud de la intérprete, así como mínima respuesta al tratamiento. (2 de agosto de 2012)

http://aristeguinoticias.com/chavela-vargas-no-responde-a-tratamiento-reporte-medico/?utm_source=twitter.com&utm_medium=tweet&utm_campaign=kiosko

No decimos que sea mentira la noticia, curiosamente en otros medios, más acostumbrados a ser fatalistas, el tono era esperanzador. Al día siguiente emitieron otro tuit y nota en la página de Internet:

 

Chavela Vargas lucha “como una guerrera”: biógrafa

 

La amiga de la intérprete afirmó que la cantante pidió que no se le aplique ningún método agresivo para mantenerla con vida; su médico dice que está lista para “trascender”. (3 de agosto)

http://aristeguinoticias.com/chavela-vargas-lucha-como-una-guerrera-biografa/?utm_source=twitter.com&utm_medium=tweet&utm_campaign=kiosko

Recordemos que estos escritos no tienen como fin “poner en mal a nadie”, son una aproximación desde el punto de vista del manejo de los mass media en un esfuerzo que pueda sembrar la semilla en los propios periodistas, políticos, académicos, en el público en general, de la importancia que tiene la Percepción en la imagen de una figura pública, en la forma en que se propagan las noticias, y el efecto que causan. Todo mundo dice que los mass media, son manipuladores pero los mismos que condenan eso están inmersos en ese mismo mar.

Es claro que Carmen Aristegui está conciente de su imporantica pero no conoce, porque no es parte de su profesión, cuáles son las técnicas de persuasión con las que trabaja un publicista (que sí sabe de publicidad, no la marea de mercachifles, apantalladores y showmen que han invadido los medios…como tantos otros oficios). Tal vez solo hasta ahora, hasta que llega a un callejón sin salida es cuando se da cuenta de lo que ha creado: imagen, percepción

Por ello no describimos estos incidentes como “culpa” de Aristegui o que lo “esté haciendo a propósito”, es simplemente evidenciar que, de pronto, se pueden salir las cosas de control, que la generalidad de los periodistas, para sentirse profesionales, tienen una marcada tendencia a ser fatalistas, que los mass media pareciera que son ya una maquinaria “que trabaja sola” o que lleva ya una inercia tan poderosa que nadie se ve dispuesto a detener porque tal vez no sabemos cómo hacerlo.

Carmen es parte de la maquinaria, irremediablemente se encuentra dentro de él, como nosotros. Pero en sus declaraciones, que ya hace mucho dejaron de ser simplemente noticias, hay sustento, no hay gratuidad. Muestra, lo que tanto encanta a los intelectuales y académicos “datos duros” (también puestos en duda luego de las elecciones, a toro pasado, claro) que le da credibilidad a sus supuestos. Porque Carmen hace aluciones, elucubra, fórmula hipotesis. Si fuésemos estrictos podríamos decir que el periodismo supone ser objetivo (Kapuskinksy fue de los primeros en poner en duda este supuesto e imposible atributo de los periodistas), supone la imposición de no emitir juicios de valor. Esto sabemos a todas luces que no sucede en ninguna parte.

En estos momentos, no está la que enardece a sus seguidores, no está la líder que pone pensamientos en las cabezas de sus fanáticos que están cada vez más hambrientos de oir consignas contra el gobierno opresor, contra el monstruo Nieto (un monstruo que hoy por hoy, repito, es más producto del imaginario, de la elucubración. Estoy conciente de las imputaciones, de los errores, de las sospechas, de los mitos, que se rodean la imagen del próximo presidente de México y las iremos abordando también, pero baste decir que hasta ahora, realmente, contundentemente, no ha demostrado ese carácter quasi malévolo con que Carmen Aristegui y las personas que colaboran con ella han provisto la imagen de ese hombre,) los fanáticos, ya inmersos en una onda expansiva que solo conoce palabras como: dolor, guerra, muerte, los “hasta cuándo”, los “ya basta”, los “el pueblo está indignado”, fraude, autoritarismo…las palabras que solo han salido de ellos. Ellos, los seguidores, los fans, que están construyendo dos mitos: el de la heroína que no quiere serlo, y el del autoritario y malévolo. Nosotros mismos creamos nuestros dioses, nuestros enemigos, nuestros héroes, y nuestra consiguiente desilusión.

(continuará)

Estos textos son notas, son bosquejos de un futuro libro que compongo y que lleva provisionalmente el título de “El tiempo Pritérito y el México que le pertenece”

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