Lo demasiado de todo

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Hay demasiado de todo. Y siempre he ido en sentido contrario. Siempre he llevado la contra, no namás por llevar la contra, sino por esa rara curiosidad de explorar las zonas no visitadas.

No me gustan los tumultos. Solo en poquísimas ocasiones salgo de mi guarida para verme junto a la gente, en medio de la gente. No me gustan los tumultos.

Cuando viajo en Metro no tengo de otra. Pero me lo hago grato, nunca deja de tocar mi iPod.

Me gusta ir al cine en la mañana, cuando no hay gente. Me gusta la sala solita para mí. A veces hay un par por ahí. Pero punto.

Me gusta ir a las plazas comerciales cuando aún no abren y no hay nadie.

Y entro justo por lo que busco, que no es mucho ya, y me voy.

Prefiero levantarme más temprano para correr y apenas ver amanecer sin nadie, sin muchos.

Prefiero levantarme más temprano para tomar el transporte y ver la ciudad sin nadie, sin casi nadie, antes de que la marabunta salga.

Prefiero las madrugadas calladas y esa noche de mañana donde solo algún perrillo por ahí ladra a la luna, solito también, a gusto.

No me gusta lo demasiado.

En las redes sociales la gran mayoría escribe frases que querrían ser poéticas pero solo se quedan en su apariencia, bien intensionadas, muchas de ellas sinceras, pero sin calidad literaria…y no se trata de que la tengan. Ahora todo mundo puede escribir lo que sea, lo que quiera cómo quiera. Le llaman libertad de expresión.

Le ganan las groserías y las quejas a los pensamientos constructivos. Demasiado de frases célebres sí, pero demasiado también de ataques y desahogos. Demasiado desahogos en las redes.

Hay poco de lo poco. Hay un frenesí por tuitear, por decir algo aunque poco se diga con todo lo demasiado que se dice.

Una competencia para ver quién es el más tuitstar, a quién siguen más (hay técnicas mecánicas para hacerlo). Tener más más, es demasiado.

Somos demasiados.

Demasiadas personas, demasiados nacimientos.

Demasiada queja, demasiada gente quejándose (muchas de ellas viviendo holgadamente con demasiadas cosas).

Demasiada confrontación. Demasiada comida (aunque muchos no tengan qué llevarse a la boca).

Demasiado peso. Demasiados gordos en México. Demasiado sobrepeso…demasiada angustia.

La gente come de más porque está angustiada. Porque está vacía, vacía, vacía y no sabe cuándo acabará de llenarse.

Y nos quejamos, y nos quejamos, y nos quejamos.

Y exclamamos que todo está mal, que no es posible, que ya basta..y ya. Nada más eso.

Y nos sentimos tristes, deprimidos, desgastados, enojados…indignados, dicen los más acomodados.

Y no vemos bien lo que nos rodea.

Y decimos que hay que luchar por ser tolerantes. Y ni somos luchadores, ni somos tolerantes.

¿Qué queremos? ¿Qué queremos de nosotros mismos?

Sí, que venga el presidente a salvarnos, que nos salve el caudillo, que nos salven los extraterrestres, que nos salve Dios, vivo o muerto, que nos ayude alguien, alguien por favor…nosotros no podemos porque no queremos.

Somos tantos.

Demasiados.

Y demasiado de lo feo.

Hasta aguardamos la hora para sintonizar esa estación de radio donde la mayor parte de las palabras son cosas negativas, tristes, deprimentes, preocupantes, angustiantes, insolubles…demasiado de eso.

Cada vez me doy cuenta de que no me he dado cuenta de nada.

Y no quiero pontificar.

No puedo ni debo corregirle la página a nadie.

Ya hay demasiados que lo hacen, bien o mal.

Ya hay demasiados libros.

Demasiadas bandas, demasiadas marcas

Nada nos hace falta

Solo nos falta un poquito de nosotros mismos en todo lo que hacemos.

Pero es que son demasiados problemas, demasiada inseguridad, demasiado poco dinero…

Nada nos satisface

Nunca estamos satisfechos

Y queremos más de la nada

Y no hacemos bien el amor y queremos más y decimos que somos insaciables,

pero no lo hacemos bien, no por ella o él

somos caos

no está bien ni mal

es como un desastre natural o como la erupción de un volcán, que no es desastre en sí…

eso somos los humanos.

Demasiados tuits

Demasiado de tanto que ya no sé qué decir.

Demasiada información pero no hallo lo que yo quiero saber.

Y como siempre me he ido a la contra.

Como hasta yo mismo me llevo la contra…

Me iré por el camino de lo poquito. Desde hace años voy por el camino de lo poquito.

Quiero menos discos físicos, mejor los bajo de la red. De la nube.

Menos muebles. Nada de muebles. Solo una nueva cama rica y enorme, mi escritorito donde escribo.

Tal vez un sillón rico y una lámpara ideónea para leer. Pero ya.

No quiero más cosas.

Me incomoda decirlo, pero tampoco quiero más libros. Lo nuevo no es muy atrayente y los que tengo los puedo releer.

No quiero más ropa. Quiero quedarme con lo mínimo útil y correcto.

No quiero auto.

No quiero otra casa.

No quiero comer más. Ni beber más.

Ni siquiera quiero quererte más. Así está bien. Así te quiero bien.

Y me quiero bien así. A secas.

Realmente no necesito nada ni a nadie.

Sin amarguras ni quebranto eh.

Así, nada más.

Me alejo de lo demasiado y de lo que no me es grato, de lo que no me ayuda a estar simple y sencillamente

tranquilo.

Estoy en lo poquito.

En lo sencillo.

Una disculpa si eso significa que ya no soy ese rebelde…

soy otro

contrario a todos ustedes.

Vayan, vayan en bola, está bien, no digo que esté mal, no.

Es que  no me gustan los tumultos, no que la gente siempre se queje (a lo mejor porque yo soy igualito y conmigo ya tengo),

quiero fijarme más en las cosas que no me cuestan un quinto.

De lo bueno poco dicen.

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