Ahora sí vivimos el fin de la Historia

Image

Octavio Paz había anunciado el fin de la Historia, pero no vivió ese acontecimiento. Nosotros sí. Ni para atrás, ni para adelante. Yo veo a la Historia como el mar que choca con el mismo risco una y otra vez, incesante, y volviendo a sí misma.

Si aún escuchamos las noticias y si en algún punto nos parecen interesantes, divertidas o escandalosas es debido, más al efectismo de los noticieros y los periodistas de grito pelado y alarmante que a la importancia o impacto de la noticia misma.

Las noticias no nacen de la nada. Las noticias se generan: se crean.

Periodistas eligen entre innumerables notas posibles aquellas que se instalan de mejor manera dentro del perfil o línea de mensajes que siguen.

Existen aquellos periodistas que se cubren bajo una manta de socialismo aparente y sus embates se dirigen contra al sistema o los poderosos. El público, fascinado e hipnotizado, no se percata que trabajan para el sistema mismo al que atacan (1984, Orwell). Además de que genera ganancias económicas y un estatus de celebridad.

Vender la muerte, la sangre y la guerra es exitoso en cuanto a dinero se refiere.

Y no queremos decir que no sea necesario ni que debiera impedirse o censurarse. Por supuesto que no: nada de prohibir en lo que a la difusión de mensajes se refiere. Pero es inevitable no darnos cuenta de lo que se genera alrededor.

Así son las cosas, simplemente.

Por el otro lado están los alineados, los que defienden y publican loas y vítores al sistema y los poderosos. Esto genera también ventas y ganancias: nadie quiere quedar mal con los Señores del poder. Y resulta que a millones también se les hace atractivo e incluso divertido o en el peor de los casos indiferente.

Resulta que en México hay una mitad (casi) que publica en redes sociales instigaciones a la revolución, a un despertar, a un levantarse. Se queda en palabras. Las redes sociales como medio alternativo de desahogo de las frustraciones sociales: al gritarlo se mitiga ese impulso agresivo.

La libertad de expresión también le conviene a los poderosos. Salvo aquellos que son pequeños y que, descubiertos en algún movimiento iícito, a la mayoría le pasa como el viento a Juárez lo que se les “saque” en los medios o no. Es incómodo sí, pero no es fundamental, es difícil que se les trunque su orgullo millonario o incluso su “prestigio”.

Esto porque en el Fin de la Historia lo que importa es la apariencia. Y la apariencia hoy en día significa: seas como seas, aparece como un cabrón, aprovéchate de los demás y genera dinero. Lo cierto es que el ser desconsiderado, no honrado, mentiroso, es actualmente una virtud más que un defecto.

No hay un sistema económico novedoso. Ni siquiera si viniese ese nuevo que se ha tratado de montar “mezclando” el capitalismo y el libre mercado con una supuesta noción “humana”, identificada más con las izquierdas, identificada más con los que “menos tienen”, se queda en champurrado.

No hay un sistema político renovado o interesante: el tren de la política sigue moviéndose (si es que se mueve) con el letargo que le caracteriza haciendo por debajo de la mesa negociaciones con los poderosos, políticos, prostitutos y prostitutas vestidos de aparente distinción, fingidores que aparecen como cultos y preparados, defraudadores, rompedores de promesas: exitosos.

(continuará)

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s