NEW MARKETING: TURNING BAD INTO GOOD

Sometimes bad is a perception, sometimes customers didn´t like a flavour or a colour. 

Sometimes your target isn´t that target anymore.

Watch out for cultural changes, the economic reality of your consumers.

Take care of them. 

Don´t think only in the awesome benefits of your product (not even Apple do that): think about your consumer.

Advertising is not just an AD in social networks, TV, cable, radio, print…it must be a message of understanding between what you have to offer and what can be useful to the people.

Turning BAD to GOOD: cos not even human beings are perfect.

 

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Advertising means: turn bad into good

Sometimes bad is a perception, sometimes customers didn´t like a flavour or a colour. 

Sometimes your target isn´t that target anymore.

Watch out for cultural changes, the economic reality of your consumers.

Take care of them. 

Don´t think only in the awesome benefits of your product (not even Apple do that): think about your consumer.

Advertising is not just an AD in social networks, TV, cable, radio, print…it must be a message of understanding between what you have to offer and what can be useful to the people.

Turning BAD to GOOD: cos not even human beings are perfect.Image

 

Have a very very CREACTive day!!!

 

La inutilidad de la información

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Aún ahora se proclama el lema, más bien eslogan publicitario, de que “la información es el poder”, cuando asistimos a la desinformación del poder. Entre más confundida tengan a la gente mejor. Entre más chismes y rumores mejor. Entre mayor desahogo de los indignados en las llamadas redes sociales mejor.

La instigación de la inconformidad provoca un impulso que se desboca en dos o tres expresiones fundamentales para el “crecimiento” económico, o su incesante movimento hacia ningún lado, máquina con ruedas que no se mueve:

1. Adquirir productos. Comprar, gastar el dinero, endeudarse.

2. Vociferar y mostrarse valientes y revolucionarios mediante las redes sociales.

Es cierto que nos dejan ser y que buena parte de la sociedad goza de una real libertad para hacer casi todo lo que se le ocurra hacer.

Y es un juego este de la desinformación que se atiza en las mismas redes donde ahora todo mundo opina y todo mundo es autoridad moral para juzgar todo lo demás: lo político, lo deportivo, lo social.

Si un extraterrestre se quisiera hacer una idea de lo que es la humanidad con solo ver Twitter pensaría que la humanidad es socialmente comprometida, que todos son filósofos andantes, todos propagan consejos prácticos para ser grandes seres humanos y todos están en contra del gobierno siempre opresor.

La inutilidad de la información para los públicos que se les vende la idea de ser concientes y hasta temiblemente revolucionarios. La información útil la tienen únicamente las cabezas de las empresas que son dueñas del mundo.

Pero vivir también es una ilusión.

Ahora sí vivimos el fin de la Historia

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Octavio Paz había anunciado el fin de la Historia, pero no vivió ese acontecimiento. Nosotros sí. Ni para atrás, ni para adelante. Yo veo a la Historia como el mar que choca con el mismo risco una y otra vez, incesante, y volviendo a sí misma.

Si aún escuchamos las noticias y si en algún punto nos parecen interesantes, divertidas o escandalosas es debido, más al efectismo de los noticieros y los periodistas de grito pelado y alarmante que a la importancia o impacto de la noticia misma.

Las noticias no nacen de la nada. Las noticias se generan: se crean.

Periodistas eligen entre innumerables notas posibles aquellas que se instalan de mejor manera dentro del perfil o línea de mensajes que siguen.

Existen aquellos periodistas que se cubren bajo una manta de socialismo aparente y sus embates se dirigen contra al sistema o los poderosos. El público, fascinado e hipnotizado, no se percata que trabajan para el sistema mismo al que atacan (1984, Orwell). Además de que genera ganancias económicas y un estatus de celebridad.

Vender la muerte, la sangre y la guerra es exitoso en cuanto a dinero se refiere.

Y no queremos decir que no sea necesario ni que debiera impedirse o censurarse. Por supuesto que no: nada de prohibir en lo que a la difusión de mensajes se refiere. Pero es inevitable no darnos cuenta de lo que se genera alrededor.

Así son las cosas, simplemente.

Por el otro lado están los alineados, los que defienden y publican loas y vítores al sistema y los poderosos. Esto genera también ventas y ganancias: nadie quiere quedar mal con los Señores del poder. Y resulta que a millones también se les hace atractivo e incluso divertido o en el peor de los casos indiferente.

Resulta que en México hay una mitad (casi) que publica en redes sociales instigaciones a la revolución, a un despertar, a un levantarse. Se queda en palabras. Las redes sociales como medio alternativo de desahogo de las frustraciones sociales: al gritarlo se mitiga ese impulso agresivo.

La libertad de expresión también le conviene a los poderosos. Salvo aquellos que son pequeños y que, descubiertos en algún movimiento iícito, a la mayoría le pasa como el viento a Juárez lo que se les “saque” en los medios o no. Es incómodo sí, pero no es fundamental, es difícil que se les trunque su orgullo millonario o incluso su “prestigio”.

Esto porque en el Fin de la Historia lo que importa es la apariencia. Y la apariencia hoy en día significa: seas como seas, aparece como un cabrón, aprovéchate de los demás y genera dinero. Lo cierto es que el ser desconsiderado, no honrado, mentiroso, es actualmente una virtud más que un defecto.

No hay un sistema económico novedoso. Ni siquiera si viniese ese nuevo que se ha tratado de montar “mezclando” el capitalismo y el libre mercado con una supuesta noción “humana”, identificada más con las izquierdas, identificada más con los que “menos tienen”, se queda en champurrado.

No hay un sistema político renovado o interesante: el tren de la política sigue moviéndose (si es que se mueve) con el letargo que le caracteriza haciendo por debajo de la mesa negociaciones con los poderosos, políticos, prostitutos y prostitutas vestidos de aparente distinción, fingidores que aparecen como cultos y preparados, defraudadores, rompedores de promesas: exitosos.

(continuará)

Postmodernismo o la usurpación de disciplinas

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Yo soy postmod, tú eres postmod, él es postmod, ella es postmod, nosotros, ellos.

Publicistas que le hacen de artistas, analistas políticos que analizan publicidad y medios de información, comunicadores sociales que le hacen de publicistas, periodistas que le hacen de especuladores o agitadores sociales. El jugador de futbol le hace de modelo o de empresario o de comentarista en la televisión, amas de casa que le hacen de escritores, escritores y deportistas que le hacen de políticos, actrices de telenovelas que le hacen de poetas o cantantes, cantantes que le hacen de actores o políticos también.

Una que empieza como cantante luego le hace de diseñadora de moda, luego de empresaria restaurantera, luego de escritora, actriz, directora.

En el Postmod, la tarjeta de presentación no únicamente debe ostentar un cargo alto sino una multiplicidad de disciplinas: Fulano de Abrahman, empresario o entrepreneur, escritor, pintor, actor, webmaster, tuitstar, político.

¿Asistimos al Nuevo Renacimiento donde todos tenemos tales talentos múltiples y diversificados y cada uno lo llevamos a cabo con eficiencia y conocimiento? No.

Porque todo es aparente. Porque si usted indaga el sujeto en cuestión jamás cursó ningún tipo de estudio que lo acreditase para cada uno de sus variados talentos.

Hay alguien abajo que  hace las cosas y quien le “dirige” se adjudica el crédito completo.

Estas personas se lo acreditan porque sienten que aportaron “las ideas”, pero generalmente son ocurrencias.

Sí, siempre están las excepciones.

Pero algunos signos del Postmod son:

  1. La usurpación de oficios o profesiones, sin realmente tener los conocimientos.
  2. El traslape de oficions o profesiones, sin realmente tener los conocimientos.
  3. Multiplicidad de títulos. La mayoría de las veces también aparente.

El PostMod se define muy bien así: “hacemos como que hacemos de todo”.

El PostMod se define muy bien así: todo es apariencia.

Si observamos el entorno, en efecto, la apariencia le gana a la esencia. La realidad vista es una apariencia. El PostMod es la preponderancia de lo exterior.

En las redes sociales no hay quien no ofrezca rosarios de frases célebres de quienes han sido grandes hombres y mujeres. Los que redactan esos mensajes adoptan una apariencia de “mayor conocimiento” no de aprendizaje compartido. Y lo que fundamenta la idea de la apariencia como signo del Postmodernismo: nadie lleva a cabo lo que dice.

En el POSTMOD es más importante lo que se dice que lo que se hace.

Es más importante lo que se ve rápidamente y no lo que se observa detenidamente.

Se trata de que la apariencia cubra la esencia. Y esta se vaya empobreciendo, aunque el sujeto no se percate de ello.

El Postmod se trata de Fácilidad.

Lo fácil trasciende lo práctico o eficiente.

No tiene importancia la esencia porque no sirve de nada en esta realidad. Y es cierto, no sirve de nada, no tiene una función utilitaria.

Esta época privilegia no la discusión reflexiva sino la crítica encarnizada.

Postmod es aparentar creyendo que se es profundo.

Postmod es la diversificación de inutilidades.

Porque es más fácil hacer como que eres, hacer como que haces.

(continuará)

Lo demasiado de todo

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Hay demasiado de todo. Y siempre he ido en sentido contrario. Siempre he llevado la contra, no namás por llevar la contra, sino por esa rara curiosidad de explorar las zonas no visitadas.

No me gustan los tumultos. Solo en poquísimas ocasiones salgo de mi guarida para verme junto a la gente, en medio de la gente. No me gustan los tumultos.

Cuando viajo en Metro no tengo de otra. Pero me lo hago grato, nunca deja de tocar mi iPod.

Me gusta ir al cine en la mañana, cuando no hay gente. Me gusta la sala solita para mí. A veces hay un par por ahí. Pero punto.

Me gusta ir a las plazas comerciales cuando aún no abren y no hay nadie.

Y entro justo por lo que busco, que no es mucho ya, y me voy.

Prefiero levantarme más temprano para correr y apenas ver amanecer sin nadie, sin muchos.

Prefiero levantarme más temprano para tomar el transporte y ver la ciudad sin nadie, sin casi nadie, antes de que la marabunta salga.

Prefiero las madrugadas calladas y esa noche de mañana donde solo algún perrillo por ahí ladra a la luna, solito también, a gusto.

No me gusta lo demasiado.

En las redes sociales la gran mayoría escribe frases que querrían ser poéticas pero solo se quedan en su apariencia, bien intensionadas, muchas de ellas sinceras, pero sin calidad literaria…y no se trata de que la tengan. Ahora todo mundo puede escribir lo que sea, lo que quiera cómo quiera. Le llaman libertad de expresión.

Le ganan las groserías y las quejas a los pensamientos constructivos. Demasiado de frases célebres sí, pero demasiado también de ataques y desahogos. Demasiado desahogos en las redes.

Hay poco de lo poco. Hay un frenesí por tuitear, por decir algo aunque poco se diga con todo lo demasiado que se dice.

Una competencia para ver quién es el más tuitstar, a quién siguen más (hay técnicas mecánicas para hacerlo). Tener más más, es demasiado.

Somos demasiados.

Demasiadas personas, demasiados nacimientos.

Demasiada queja, demasiada gente quejándose (muchas de ellas viviendo holgadamente con demasiadas cosas).

Demasiada confrontación. Demasiada comida (aunque muchos no tengan qué llevarse a la boca).

Demasiado peso. Demasiados gordos en México. Demasiado sobrepeso…demasiada angustia.

La gente come de más porque está angustiada. Porque está vacía, vacía, vacía y no sabe cuándo acabará de llenarse.

Y nos quejamos, y nos quejamos, y nos quejamos.

Y exclamamos que todo está mal, que no es posible, que ya basta..y ya. Nada más eso.

Y nos sentimos tristes, deprimidos, desgastados, enojados…indignados, dicen los más acomodados.

Y no vemos bien lo que nos rodea.

Y decimos que hay que luchar por ser tolerantes. Y ni somos luchadores, ni somos tolerantes.

¿Qué queremos? ¿Qué queremos de nosotros mismos?

Sí, que venga el presidente a salvarnos, que nos salve el caudillo, que nos salven los extraterrestres, que nos salve Dios, vivo o muerto, que nos ayude alguien, alguien por favor…nosotros no podemos porque no queremos.

Somos tantos.

Demasiados.

Y demasiado de lo feo.

Hasta aguardamos la hora para sintonizar esa estación de radio donde la mayor parte de las palabras son cosas negativas, tristes, deprimentes, preocupantes, angustiantes, insolubles…demasiado de eso.

Cada vez me doy cuenta de que no me he dado cuenta de nada.

Y no quiero pontificar.

No puedo ni debo corregirle la página a nadie.

Ya hay demasiados que lo hacen, bien o mal.

Ya hay demasiados libros.

Demasiadas bandas, demasiadas marcas

Nada nos hace falta

Solo nos falta un poquito de nosotros mismos en todo lo que hacemos.

Pero es que son demasiados problemas, demasiada inseguridad, demasiado poco dinero…

Nada nos satisface

Nunca estamos satisfechos

Y queremos más de la nada

Y no hacemos bien el amor y queremos más y decimos que somos insaciables,

pero no lo hacemos bien, no por ella o él

somos caos

no está bien ni mal

es como un desastre natural o como la erupción de un volcán, que no es desastre en sí…

eso somos los humanos.

Demasiados tuits

Demasiado de tanto que ya no sé qué decir.

Demasiada información pero no hallo lo que yo quiero saber.

Y como siempre me he ido a la contra.

Como hasta yo mismo me llevo la contra…

Me iré por el camino de lo poquito. Desde hace años voy por el camino de lo poquito.

Quiero menos discos físicos, mejor los bajo de la red. De la nube.

Menos muebles. Nada de muebles. Solo una nueva cama rica y enorme, mi escritorito donde escribo.

Tal vez un sillón rico y una lámpara ideónea para leer. Pero ya.

No quiero más cosas.

Me incomoda decirlo, pero tampoco quiero más libros. Lo nuevo no es muy atrayente y los que tengo los puedo releer.

No quiero más ropa. Quiero quedarme con lo mínimo útil y correcto.

No quiero auto.

No quiero otra casa.

No quiero comer más. Ni beber más.

Ni siquiera quiero quererte más. Así está bien. Así te quiero bien.

Y me quiero bien así. A secas.

Realmente no necesito nada ni a nadie.

Sin amarguras ni quebranto eh.

Así, nada más.

Me alejo de lo demasiado y de lo que no me es grato, de lo que no me ayuda a estar simple y sencillamente

tranquilo.

Estoy en lo poquito.

En lo sencillo.

Una disculpa si eso significa que ya no soy ese rebelde…

soy otro

contrario a todos ustedes.

Vayan, vayan en bola, está bien, no digo que esté mal, no.

Es que  no me gustan los tumultos, no que la gente siempre se queje (a lo mejor porque yo soy igualito y conmigo ya tengo),

quiero fijarme más en las cosas que no me cuestan un quinto.

De lo bueno poco dicen.

Los dilemas de Carmen Aristegui o abandonar a la heroína

La ausencia de Carmen Aristegui ha desatado una serie de rumores y elucubraciones que, debo confesar, me han atraído desde su carácter novelesco.

Dentro del trabajo de investigación que realizo para darle forma a mis personajes surgió esta especie de introspección (que de ninguna manera es real o son palabras de Carmen Aristegui) pero que, a mi parecer arrojan luces de “lo que está pasando” la nueva heroína de la izquierda mexicana y tomando como pretexto el estreno de la película del Batman, la imaginación se suelta.  Real o no, siento que hay ingredientes de realidad. Ustedes, ¿qué piensan?

Carmen Asciende.

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Carmen, en la soledad, lejos de todos, cansada, harta, reflexiona:

Soy una mujer exitosa tanto como madre como profesional, económicamente no me puedo encontrar mejor, soy fiel a mis principios y convicciones, me he dedicado desde el principio en buscar la verdad y darla a conocer. Estos últimos años mi esfuerzo por enfrentarme al gobierno del Pan y al sistema priista, a su candidato Peña, y al duopolio empresarial de los medios de información, se ha tornado tan intenso que mi propia estancia en la compañía en la que trabajo pone en entre dicho mis preceptos. Yo me pongo a mí misma en entredicho: ¿en verdad soy honesta al aceptar el premio que me otorgan en Francia en el cual primeramente necesito la aprobación de mi gobierno, ese gobierno contra el cual estoy luchando, con el que no estoy de acuerdo? ¿Es honrado aceptarlo? ¿Qué hago con un público que ya no es público sino fans? ¿Qué hago con la gente que me ve como la salvadora? Yo soy antes que nada periodista. Siempre lo he sido. Y nunca he querido ser otra cosa. ¿Nunca he querido ser otra cosa? ¿De verdad? En estos momentos detesto a los seguidores ciegos. No tengo porque rendirle cuentas a nadie. Y eso no significa que no sea humana. Simplemente mi naturaleza no es esa. Me atormenta saber que estoy traicionándome a mí misma. Me atormenta estar en un límite que pueda defraudar (de manera injusta para mí y para ellos) la confianza que el público ha depositado en mí.

Yo nunca pedí llegar a esto. ¿Nunca? ¿En verdad, dentro de mí, no lo ansiaba? Reconozco que no soy la más humilde. Tengo mis episodios de soberbia, y no soy muy democrática al momento de dirigir a mi equipo, ¡es que no se puede ser democrático en esto! (hasta ahora caigo en cuenta)  Pero tampoco soy injusta. Me sé muy buena en mi trabajo, no soy una persona sentimental, soy una coraza, soy eficiente, soy exigente. Pero eso no significa que no respete a los demás.

Las circunstancias me han traído a una cima en la que no quiero estar, o no sé si deba estar. Tengo el poder de guiar a muchas personas, y no sé si lo quiero ya. No nací para ejercer esa función y sin embargo yo sola he trabajado por ello. ¿Dónde queda entonces la objetividad con que podría vislumbrar el entorno? ¿Dónde queda entonces mi independencia como periodista cuando comienzo a sentir que dependo de mis seguidores? Ahora ya no solo es decir mi verdad, aquella que investigo hasta por debajo de las piedras, ahora es cuidar lo que digo porque tengo “una imagen”, porque soy una “figura pública”, y porque “me debo a mi público”.  Se ha tornado para mí misma más peligrosa mi imagen que lo que yo soy. Yo no quiero ser héroe.

¿Es legítimo que permanezca en una empresa que a todas luces no defiende lo que yo estoy defendiendo, que podría venirse abajo si me apoyase totalmente? Ellos son una empresa. Lo comprendo. No lo juzgo. Yo no defino claramente mi posición porque perdería audiencia, pero más importante, tengo miedo de perder credibilidad. Pese que a que no tendría que ser un problema admitir mis inclinaciones ideológicas, hoy por hoy me convertiría en la comida exquisita que mis adversarios anhelan devorar. ¿Y si no pasa nada luego de eso? ¿Qué hacer? ¿Tengo que ser el adalid que apoye todas las causas injustas? Yo no quiero ser héroe, no soy héroe de nadie. Soy periodista. ¿Cómo recobrarme a mí misma?

Este es fragmento de una de las entradas de este blog. Y son apuntes que forman parte de mi investigación para mi nueva novela, en composición actualmente y un próximo libro de ensayos e imaginaciones tentativamente llamado “Tiempo Pritérito y el México al que pertenece”.